
Entró en la oficina con el ceño fruncido, las manos ocultas en unos amplios pantalones cortos. El cabello enmarañado y revuelto sobre unos ojos entornados. Entró y se sentó de golpe en el sofá arrojando a un lado una descuidada gorra de beisbol, frente a una chimenea falsa con diversos distintivos de vidrio y algunos objetos de curioso origen. Algunos diplomas estaban allí, esparcidos en la pared, en otra sección aparecían diversos cuadros pintados al óleo.
Nuestro personaje debía tener unos 14 años, aunque su altura sugería unos 18 años. Su rostro, sin embargo, no dejaba de ser infantil, por lo que su edad era difícil de calcular.
Afuera, una mujer joven conversaba con su padre. De profesión terapeuta había sido consultada por éste tras la muerte de su esposa y madre de la criatura. No era la primera vez que pisaba un consultorio, aunque sí la primera donde había cometido un acto violento, pues al recibir la noticia, había destrozado cuanto encontró a su paso, poniendo en peligro de muerte a una de sus profesoras.
La joven entró en la oficina con soltura y clase.
Hola, me da gusto que tengamos la oportunidad de conocernos.
- No diría lo mismo -murmuró su forzado paciente con la barbilla hundida en el pecho y sin mucho entusiasmo.
La joven se sentó y se quitó los anteojos, mientras le miraba sonriente e intrigada.
- Mi nombre es Madelaine M. Soy psicóloga
- Ya lo sé...
Pero en eso acababa de mirar de rabillo a su interlocutora y lo que vió le hizo erguir la cabeza y contemplarle como una especie de aparición celestial.
La terapeuta era hermosa, morena, de una esbeltez impresionante. Sus ojos eran ágiles, seductores y cálidos. Su sonrisa invitaba a cambiar de opinión a cualquiera. O por lo menos consiguió que le devolviera una embarazosa sonrisa.
- Así está mejor ¿no crees? -dijo Madelaine
- Creo que sí
- ¿Cómo te llamas?
Se removió un poco en el sofá, mientras se mordía los labios. Por fin habló:
- Alicia
- Hola Alicia, ¿cómo estás?
- Bien, bastante bien.
- Me alegra, hace unos minutos no te veía muy convencida
- Ahora lo estoy -dijo Alicia, mientras miraba a Madelaine con el corazón extasiado.
CAPÍTULO 2
Se sentó junto a la mesa. Estaba cansada y extenuada, pero el abatimiento le había disminuído desde que había entrado a esa casa. Durante un año había ido furtivamente hasta aquel lugar, siguiendo un auto marca jaguar de color negro en su pequeña pero ágil bicicleta. Le gustaba esa bicicleta, pues podía ir de pie sobre ella y daba las más arriesgadas piruetas que se le ocurrían.
Una mujer alta, de cabello negro en ondas, tez morena y ojos grandes bajó las escaleras en ese momento. Traía un fólder y un album de fotografías. Se sentó al lado de la chica y le miró sonriente.
- Me alegra que hayas venido
- Es una pena -se disculpo la chica, con un acento varonil. Su indumentaria era masculina, al grado que se le habría confundido con un jovencito a pesar de que el cabello le caía en los hombros debajo de una gorra descuidada de beisbolista.
- No importa. Eres bienvenida siempre que quieras venir.
- ¿De verdad?
- Claro que sí- se rió Madelaine Z., terapeuta de adolescentes, quien llevaba un año
trabajando consultas con una chica de 15 años llamada Alicia. Al parecer vivía sola en una pequeña pero hermosa y nada despreciable casita en un fraccionamiento residencial.
Alicia había faltado aquella tarde a su cita, debido a un juego de fútbol que le robó tiempo. Había corrido desesperadamente hasta el consultorio para alcanzar unas minutos de psicoterapia. Al encontrar cerrado, se había aventurado a buscar a Madelaine en su casa, a donde la había seguido varias veces sin que se percatara.
- ¿Cómo supiste donde vivía? -preguntó Madelaine divertida. Alicia no dijo nada, temía que al saberse espiada, su terapeuta le retirara el afecto y confianza que le tenía.
- Alguien que la conoce me dijo -se limitó a decir.
- ¿Quién es?
- Prefirió que no lo supiera -mintió Alicia, haciendo un gesto brusco de mozalbete.
- Está bien. Lo importante es que estás aquí ¿gustas beber algo?
- ¿Me da un vaso con agua? -preguntó Alicia tímidamente
- Puedo ofrecerte limonada
Alicia abrió los ojos en un arranque de entusiasmo.
- ¡Me encantaría!
- ¿Vamos a la cocina? -dijo Madelaine levantándose. Pero en eso vió a Alicia replegarse en la silla.
- No, prefiero esperarla aquí.
- Pero...
- Ya invadí su privacidad, creo que es demasiado.
- Está bien. -dijo Madelaine, comprendiendo que la chica estaba cohibida por su atrevimiento.
- ¿Va a ver fotografías? -dijo Alicia reparando en el album.
- Iba a colocar algunas nuevas que acabo de revelar ¿quieres verlas?
Alicia asintió con cierta reserva. Madelaine atravesó la sala y buscó en una de las mesitas un paquetito. Alicia la contemplaba a hurtadillas. Era la mujer más hermosa que hubiera conocido. Su manera de hablar, de moverse, de sonreír y de ladear la cabeza... Era el ser más elegante y distinguido sobre la Tierra, y en su casa, en medio
de todo aquel lugar impregnado de su persona; colores, aromas y vibras, Madelaine era como una diosa en su Olimpo.
Volvió al poco rato con dos vasos de limonada y se sentó junto a la chica. El paquete de fotografías estaba sobre el album, como si nunca hubiese sido abierto.
- ¿Te gustaron?
- Sí, usted es muy bella.
Madelaine soltó una agradable risa
- Gracias, eres muy considerada.
- Usted lo es, al permitirme entrar en su casa.
- Eres bienvenida, ya te lo dije.
- ¿Todos sus pacientes pueden venir a verla?
- No. Eres la primera que entra aquí. Prefiero restringir mi trabajo al consultorio
- Debería irme entonces.
- Quédate. Me da gusto que hayas venido. Pensé... que ya no regresarías.
Y Madelaine comprendió de pronto, que aquel acercamiento no era muy adecuado.
Carraspeó y miró a la aturdida chica.
- Perdona, creo que te estoy atosigando.
- ¡No! Sinceramente soy feliz a su lado. Por eso he venido.
- ¿Lo crees así?
- Quería verla. Me sentí muy mal cuando no logré llegar. Es mucho tiempo esperar una semana para verla.
Madeliane sonrió. Tenía que reconocer que sus sentimientos hacia aquella jovencita hombruna eran extraños en su vida.
- Gracias, me alegra saberlo.
Alicia se levantó de pronto.
- Ya me voy. No la molesto más.
- Sabes que no es molestia, Alicia.
Alicia sonrió también. Madelaine se levantó.
- Puedes venir cuando quieras ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
Se despidieron con un beso y Alicia montó en su destartalada bicicleta.
- ¡Hasta el viernes, doctora!
- ¡Hasta pronto, Alicia!
Madelaine no reparó en ese entonces que faltaba una fotografía en las primeras páginas de su álbum.
CAPÍTULO 3
Alicia entró al consultorio muy despacio, tratando de no hacer ruido. Se acercó a un florero de cristal cortado que descansaba sobre el escritorio y depositó toda clase de flores que se había encontrado en el camino a la terapia. Había de todos los tipos: flores exóticas, flores sencillas, algunas con un aroma escandaloso, otras más moderadas, otras insípidas. La verdad es que todas juntas, se veían hermosas.
Corrió a sentarse al sofá y apreció la vista que daba aquel regalo suyo, tan modesto pero significativo.
"Ojalá le guste" pensaba nerviosa, mientras movía sin cesar los pies en la alfombra y la llenaba de lodo seco, al desprenderse de las suelas de sus zapatos deportivos. Luego que se enteró de esto, tuvo que ocultar todo aquel barro bajo el sofá. Así la encontró Madelaine, aunque no alcanzó a entender qué estaba haciendo.
•- ¡Hola, pequeña! ¿Algo se te cayó?
Alicia, que estaba agachada bajo el sofá, dio un respingo y se puso de pie con la velocidad de un relámpago. Iba a dar una excusa, pero en eso advirtió que su terapeuta había descubierto el ramillete.
- ¡Qué bello detalle! ¡Alicia, no debiste molestarte!
- ¿Le agrada?- preguntó abochornada la adolescente, mientras se quitaba la gorra y dejaba caer su cabello revuelto en la cara.
•- Hace tiempo que nadie me traía flores- rió Madelaine. Su sonrisa era encantadora e hipnotizante. Alicia le devolvió la sonrisa, embobada.
•- Dime ¿Qué te motivó a traerme flores?- comentó Madelaine tomando asiento -tengo curiosidad por saberlo...
•- Faltan colores aquí- dijo Alicia tratando de no mostrar mucho entusiasmo -y además ese florero suele estar vacío...
Madelaine sonrió ante el comentario. Desde luego que no le creyó.
•- ¿De modo que las flores son para el consultorio? Creí que eran para mí.
La chica se removió en su asiento, nerviosa. Madelaine traía un escote un tanto pronunciado aquel día. Le costaba trabajo concentrarse y ser sincera.
•- Usted me cae bien- fue todo lo que se atrevió a decir. Luego se quitó la gorra y estuvo estrujándola un buen rato, sin atreverse a levantar la vista.
Madelaine la contempló con ternura.
•- Gracias...- le dijo conmovida -tienes un corazón muy noble.
Alicia levantó la mirada. Le habría gustado decir que Madelaine lucía maravillosa aquella tarde, pero las palabras se negaban a salir de sus labios. La terapeuta, entretanto, revisó su bitácora. Hacía varios meses que Alicia iba a consulta y aún no se decidía a hablar sobre el motivo principal de la terapia.
•- ¿Lista para platicar el día de hoy?- le alentó.
Alicia se reacomodó en su sillón e hizo una pregunta extraña
•- ¿Cómo puedo convertirme en usted?
Madelaine sonrió y se acomodó sus gafas, como solía hacerlo cuando se confundía
•- ¿A qué te refieres?
•- De grande me gustaría ser como usted- explicó Alicia -y no como mi madre.
•- Veo que estás haciendo una diferencia entre tu madre y yo...
•- Así es- le interrumpió la chica -¿Ve todos esos diplomas que cuelgan en la pared? Usted es una triunfadora, no como mamá.
Era la primera vez que Alicia abordaba el tema de su madre. Madelaine trató de catapultarlo todo lo que pudo.
•- ¿Cómo era tu mamá, Alicia?
•- Era una mujer estúpida.
•- Tal vez yo también lo sea- razonó Madelaine -¿Cómo es una mujer estúpida?
•- Usted es profesionista- dijo Alicia -le gusta estudiar y tener éxito en su carrera. Nadie le da dinero porque gana bastante bien. Tiene su propia casa y sus propias cosas. No depende de nadie para ser feliz. No necesita un hombre para sentirse amada ni necesita hijos a su lado para sentirse útil. Es, en toda la palabra, una mujer triunfadora, y yo quiero ser como usted.
•- Te agradezco tu percepción para conmigo- le dijo Madelaine amablemente -pero aún no me has dicho qué es una mujer estúpida.
•- Es todo lo contrario a usted- aclaró Alicia y luego calló.
•- Veamos...- dijo Madelaine, tratando de que Alicia dijera un poco más al respecto -una mujer que no estudia... ¿es estúpida?
Alicia pareció meditarlo y luego negó con la cabeza
•- No... no necesariamente...
•- Una mujer que no trabaja... ¿te parece que es estúpida?
•- Tal vez sí...- dijo Alicia -aunque algunas quizá no trabajen porque son listas y ponen a otros a trabajar para ellas...
•- ¡Ah! ¿Y una mujer que estudió pero que no necesariamente es exitosa?
•- Pudiera ser por estupidez, pero también hay otras cosas...
•- ¿Las mujeres que tienen dinero no son estúpidas?
•- Algunas lo son...
•- ¿Y todas las que tienen casa propia?
•- Alguna tal vez lo sea...
•- ¿Una mujer que necesita un hombre a su lado te parece estúpida?
•- No es que me lo parezca- dijo Alicia cruzando los brazos sobre el pecho en completo hermetismo -simplemente es estúpida.
•- ¿Podrías explicármelo mejor?
- Porque sacrifica lo que sea, incluso a sí misma, con tal de que el tío no la deje. Eso para mí es bastante estupidez.
•- ¿Y no crees que pudiera haber una causa buena en eso?- insistió Madelaine
•- No hay causas buenas cuando se le permite a otra persona controlar tu vida y hacer de ella un mar de lágrimas.
Madelaine hizo una pausa antes de continuar.
•- Alicia ¿Por qué consideras que tu mamá era estúpida?
Alicia bajó la vista y apretó los dientes. Titubeó antes de contestar.
- Porque quería ser controlada- dijo por fin -no importa cuánto llorara.
CAPÍTULO 4
Edmundo V. se sentó con dificultad en el sofá del consultorio. Apenas cabía, era enorme y grueso como un roble. Alicia se le parecía mucho, sobre todo en el gesto arisco, que buscaba intimidar a su interlocutor. Usaba el cabello corto, pegado a la cabeza y vestía como un obrero, con gruesas botas de trabajo y una camisa a cuadros arremangada.
Madelaine Z. le observaba atentamente. Había asistido aquel día en un lindo traje sastre color palo de rosa, cuya falda mostraba con coquetería sus lindas piernas. Se ajustó los lentes y revisó rápidamente su peinado.
•- Buenos días, Edmundo ¿Cómo estás?
El hombre le lanzó una mirada amenazante. No le gustaba que lo tutearan, mucho menos las mujeres. Sin embargo, respondió:
•- Estoy perfectamente. ¿Podemos ir al grano?
La joven terapeuta sonrió. Era obvio que la minifalda ponía nervioso a Edmundo.
•- Como quieras. Hay mucho de qué hablar y me gustaría que me aclararas algunas cosas.
¡Bien! Soy todo oídos.
Madelaine sacó su carpeta de apuntes, aunque sabía que no era necesario. Conocía a la perfección el caso de su paciente.
•- Alicia decidió hablar sobre su madre. Lo hizo un par de veces.
•- Lo que significa que ya se curó ¿Verdad? Vamos, dígame que sí.
•- No exactamente.
Edmundo se golpeó las rodillas con impaciencia. Madelaine continuaba observándolo.
•- Me dijiste que Alicia adoraba a su madre, Edmundo.
•- Eran como uña y mugre. Ya se lo dije- dijo el hombre, impaciente -fue su madre quien la echó a perder de esa manera.
•- Sin embargo, no se expresa bien de ella.
•- Yo no soy el psicólogo- dijo Edmundo -eso debe averiguarlo usted.
Madelaine dejó la carpeta y encaró a Edmundo. Estaba molesta.
•- Se expresa bastante mal de ella, Edmundo. ¿Quieres decirme qué opinabas de tu mujer?
El hombre le lanzó de nuevo una mirada arisca. Se encogió de hombros, renuente.
•- No tuve que ver con su muerte, si es lo que insinúa. Cecilia se ahorcó para culparme, de eso no hay duda. Puedo asegurarle que no era para nada útil en este planeta.
•- Alicia es su hija. Tiene derecho a pensar diferente a ti.
Edmundo se exasperó.
•- No, no tiene derecho. Escuche, Alicia es un monstruo de la naturaleza. Al año hablaba, a los tres escribía. Su inteligencia es demoníaca. La chica da para mucho. Me esforcé por disciplinarla en ese sentido. Es una deportista sorprendente, una estudiante excepcional y una persona muy madura para su edad. De no ser por mí, Alicia sería una estúpida como su madre.
•- Eso fue lo que dijo- aclaró Madelaine -define a su madre como una estúpida.
•- Mejor así- dijo Edmundo con satisfacción -no quiero que se le parezca en lo absoluto.
Madelaine negó, decepcionada.
- No es sano que Alicia piense así de su madre.
•- ¿Y qué es lo sano? ¿Que admire a una madre que le dejó el suicidio como ejemplo? ¿Que recuerde con cariño a una mujer perversa? No le ha platicado lo que Cecilia hacía para "tranquilizarse" ¿Verdad? ¡Es allí donde debe ayudarme y no ponerse en contra mía!
•- No estoy en contra tuya- le dijo Madelaine -pero no puedo hacer nada si tú no cooperas, Edmundo. ¡Alicia odia tanto su identidad femenina que la oculta! Se viste y actúa como un chico ¡No me digas que no lo habías notado! ¿Tiene caso que recalquemos lo negativo en su relación con mamá? ¿Pretendes que viva odiándola toda su vida?
•- ¡Mejor así!
Madelaine tomó un respiro y buscó tranquilizar a Edmundo.
•- ¿Quieres ayudar a tu hija, Edmundo?
•- Por eso está aquí, para eso la traje.
•- Ayúdate entonces. Permítete explorar los sentimientos hacia tu esposa. Eso rescatará a Alicia de una seria confusión de identidad.
Edmundo miró a Madelaine con suspicacia.
•- Alicia está bien así. No necesita ser como usted ni como Cecilia. Y si actúa como un chico es por su edad. Ya se le pasará con el tiempo.
•- Alicia piensa que es un chico. Eso no se pasa así como así.
•- Como chico lo hace bien.
•- Entiendo que no quieres que cambie.
Edmundo cerró los puños y su rostro se volvió amenazante.
•- Ojalá lo fuese.
•- ¡No es posible, Edmundo! ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
•- Ojalá fuera un chico y no una chica. Las mujeres siempre están en desventaja y ella es demasiado lista para aceptarlo. Pronto se dará cuenta de que en este mundo se le negarán muchas cosas por el solo hecho de ser mujer.
•- Edmundo, por Dios...
•- ¿Quiere ayudarme? Busque que olvide a su madre. Entonces hará bien su trabajo. Convénzala de que no vale la pena sufrir por un ser que la lastimó hasta el extremo de quitarse la vida de ese modo. Porque Alicia era capaz de liarse a golpes conmigo con tal de protegerla. Cecilia nos enemistó con su maldita vulnerabilidad. No quiero a una hija marcada con esa debilidad, quiero una persona fuerte y dura, que no se asuste ante nada en esta vida ¿Entendió?
Cuando Edmundo salió del consultorio, Madelaine sacó un frasco de su escritorio y se tomó un sedante. Cerró los ojos y trató de ser objetiva con aquella entrevista que acababa de concertar.
"Con razón piensas así" se decía en referencia a Alicia "Perdóname, pero no puedo evitarlo. No puedo ser neutral en estos casos. Tu padre me conflictúa y mucho, quizá porque me recuerda al mío, que también era muy duro conmigo."
Se levantó y canceló por el teléfono su siguiente cita. Condujo hasta su casa, a la que llegó bastante atribulada.
Se dio un baño en el pequeño jacuzzi de su recámara. Se sumergió lentamente hasta la cabeza, mientras aspiraba la esencia del tónico de baño. Su hermoso cuerpo desnudo se estremeció con las vibraciones del agua.
"Lo mejor sería dejar el caso" pensó "no creo que pueda hacer nada al respecto. Esto es más complicado de lo que pensé. Además no quiero que me afecte personalmente".
Fue en eso, que su celular empezó a sonar insistentemente. Madelaine salió del agua y se dirigió a tomarlo de inmediato.
•- ¿Diga?
•- Señorita... soy yo.
•- ¡Alicia! ¡Qué sorpresa!
•- ¿Nos veremos mañana?
Madelaine titubeó un poco antes de proseguir.
- ¡Claro! No tienes qué ponerlo en duda.
CAPÍTULO 5
Madelaine estaba distraída esa tarde. Veía a Alicia pero no la escuchaba. Su mente divagaba, tratando de encontrar soluciones ante aquel caso tan difícil. Ningún paciente le había superado, y tenía la costumbre de salirse con la suya. Se quitó los anteojos y los colocó en la mesita de caoba a su lado.
La chica dejó de hablar y se turbó. Los grandes ojos negros de Madelaine la deslumbraron. Se quedó callada, sin poder apartar su mirada de la de ella. Le encantaba cómo cruzaba las piernas y cómo sonreía cuando la escuchaba decir alguna idiotez.
Pero su terapeuta estaba absorta en otro tipo de pensamientos.
Y es que Madelaine acababa de tomar una determinación. Una que podía costarle su licencia profesional y toda una carrera de prestigio.
- Dime ¿Te gustaría visitar la feria?
Alicia tardó en reaccionar, porque sólo mirar a Madelaine la distraía por completo. Se revolvió el largo y desordenado cabello sobre la frente.
•- ¿A la feria...?
•- Sí, me gustaría invitarte.
Alicia titubeó al responder. Aquello suponía una aproximación bastante arriesgada para ambas.
•- Si consideras no aceptar, no hay problema. Tampoco pretendo obligarte...
•- ¡No! Espere... sí quiero ir. Simplemente me sorprendió que me invitara.
•- Entonces... ¿Vamos?
•- Vale- dijo Alicia con aplomo y tratando de disimular su entusiasmo. Madelaine sonrió y retornó los anteojos a su rostro. Alicia sonrió también, pero bajó su mirada.
•- ¿No vas a preguntarme por qué estoy invitándote?- preguntó Madelaine, que le observaba con ternura.
•- Yo confío en usted- dijo Alicia -no tengo problema con lo que decida.
•- Deberías tenerlo- dijo Madelaine -y me gustaría que me lo preguntaras.
Pero Alicia negó nuevamente con la cabeza, tomó su gorra de beisbolista y se levantó.
•- ¿A qué hora paso a su casa?
•- Quizá yo podría pasar a recogerte.
•- Podría pasar al parque- sugirió Alicia.
- ¡Bien! Entonces nos vemos allí.
Ambas se miraron, sonrientes. Alicia inclinó ligeramente la cabeza y se marchó.
Al anochecer, Madelaine salió de su casa y se metió en su automóvil negro.
Pensativa, trataba de encontrar la mejor excusa para su supervisor, pero todo parecía inadecuado. Observó los jardines y las amplias avenidas a su alrededor.
No podía ayudar a Alicia encerrada en cuatro paredes y mucho menos una hora a la semana. Tenía qué intentar algo radical, algo que sacara a Alicia de su inercia y le motivara a cambiar.
Encendió el motor y se dirigió al parque.
Estuvo allí, esperando, mientras miraba la luna. El viento era frío y aquella soledad era impresionante. Se abotonó el abrigo y suspiró, melancólica.
"Entenderé si no vienes" pensó "Sé que esto parece una locura. Yo misma empiezo a dudar de que funcione".
Y es que tenía que reconocer que había algo en aquella chica que llamaba poderosamente su atención. Alicia era diferente, no era como los demás pacientes. Tenía algo en su mirada que cautivaba y atraía de manera intensa. De momento, se cerraba a la idea de que aquello fuera una contra transferencia mal elaborada. Pero su vida personal no sugería otra cosa. Acababa de romper con una relación de más de seis años, tan apasionada como tormentosa. Se había ilusionado con casarse, cambiar de residencia y adquirir un puesto que se le había escapado de las manos en una importante compañía. Ahora, había perdido todo eso, sólo le quedaba lo único que hacía bien: la psicoterapia. Había algo en su interior que quería rebelarse, que quería llegar más allá de sus fuerzas.
- ¡Sssht!- se escuchó una voz cerca de ella. Volteó de inmediato le vio allí, detrás de los árboles. Alicia sonrió, en su atuendo de chico; cabello largo desarreglado, grandes playeras y pantalones cortos holgados, con una amplia camisa y mugrientos tenis.
Madelaine no pudo evitar una sonrisa de alivio al verla.
•- ¡Por fin...! Creí que no vendrías.
•- Disculpe, tuve un retraso. Pero ya estoy aquí.
•- ¿Nos vamos?
Alicia asintió. Se dirigieron al auto, en medio de aquel mundo de silencio.
•- Es una noche hermosa ¿No lo crees?
•- La más hermosa que he visto últimamente.
Lo pasaron bien en la feria. Experimentaron la adrenalina en los juegos mecánicos y estuvieron divirtiéndose en el bingo y la ruleta. Se disfrazaron de personajes históricos y comieron manzanas con caramelo y algodones de azúcar.
Parecían dos chiquillas, descubriendo un mundo nuevo para ellas: un mundo en el cuál no tenían que dar de sí su mejor cara.
De regreso al parque, Madelaine aparcó y observó la luna pensativa. Ante la luz nocturna se veía cristalina, como una figura fantasmal que emerge de la bruma. Alicia no se atrevía a mirarla. La adolescente jugueteaba la gorra entre sus manos con bastante descuido, mientras miraba por la ventanilla. Ya era bastante tarde, quizá pasaba de la medianoche ¿Qué estaban haciendo allí?
Algo pasaba con Madelaine definitivamente. Había dado un paso y se había acercado a la chica de forma en que ésta se sentía vulnerable. Pero no había visto en ella, asomo alguno de ese interés extraño que solía experimentar hacia las mujeres. Madelaine parecía confiada en ella como si se tratase de algún familiar suyo.
La bella terapeuta dijo por fin:
- ¿Recuerdas cuando me preguntaste si podías ser como yo?
Alicia se confundió un poco. Volver al papel de paciente, después de haber charlado como amigas, era difícil.
- Sí...- respondió –lo recuerdo.
- Entonces enumeraste una serie de características, que según tú, has visto en mí.
- Sin duda.
Madelaine miraba la luna. Parecía dialogar con ella.
- Creo que no soy ese tipo de mujer, pero tú sí podrías llegar a serlo. ¿Qué dices?
Alicia se rascó la cabeza, se la veía incómoda.
- No debí hablar así de mamá- dijo, por fin –ha muerto y debiera respetarla más.
- Es completamente normal- la tranquilizó Madelaine –te estás despidiendo de ella. Es un paso que todos damos cuando alguien querido se ha marchado. Tu enojo es sano, querida.
- No sé si quiera ser esa clase de mujer que le describí- confesó la chica –es más ni siquiera sé si sea capaz de lograrlo.
Y le mostró la gorra de béisbol sucia y estrujada.
- Como verá… me cuesta trabajo ser una chica.
Madelaine sonrió, lo que provocó que miles de mariposas aletearan en el interior de la atolondrada Alicia.
- ¿Te gustaría intentarlo? Eres muy talentosa, estoy segura de que lo lograrías.
- Podría hacerlo- dijo Alicia -¿Qué se necesita?
- Primero, despedirse de mamá y en buenos términos.
- Lo haré- dijo Alicia –será más sencillo de lo que cree.
- ¡Bien! ¿Empezamos mañana?
- Allí estaré- dijo Alicia -¿A qué hora llego a su oficina?
- Iremos al lago- propuso Madelaine –será mejor que estar en la oficina ¿No crees?
Alicia tardó en contestar. Miró fijamente a Madelaine, quizá con cautela.
- Sería divertido, sí…
- ¿Te parece a las cinco?
- A las cinco está perfecto.
Alicia bajó del auto y se despidió con una inclinación de cabeza.
No obstante, antes de que Madelaine arrancara, volvió a la ventanilla y preguntó precipitadamente.
- ¿Por qué es tan importante despedirse de mamá?
- Siempre es importante saberse despedir de alguien que amas- respondió Madelaine, con un simpático guiño. Luego se marchó.
Alicia la observó alejarse.
Más que despedirse de su madre, le preocupaba que algún día tuviera que despedirse de su terapeuta.
CAPÍTULO 6
Madelaine disfrutaba pasar la tarde del viernes junto a su querido amigo Ethan, compañero de estudios en la universidad y ferviente admirador suyo. Ethan, era consultor en empresas, pues la psicoterapia le producía jaqueca desde sus prácticas estudiantiles. Sin embargo, tenía cierta sensibilidad hacia las personas, y solía ser paciente para escuchar a los amigos.
Sumémosle a eso, que estaba enamorado de Madelaine desde hacía tiempo, pero prefería ser prudente y no manifestar sus sentimientos abiertamente. Sabía que si tal cosa sucediese, su querida amiga se alejaría de inmediato.
La hermosa morena gustaba de compartir con Ethan sus teorías psicológicas, sobre todo acera de determinados casos. Podía hablar durante horas en el café que solían frecuentar, mientras Ethan la observaba complacido.
Últimamente, sin embargo, el discurso de Madelaine giraba en torno a un solo tema...
•- Escucha; he decidido desobedecer a Emilio en el caso de Alicia. He pensado que no ha contemplado todos los factores, y por ello, no progresa la terapia.
Ethan arqueó las cejas. No pudo evitar un gesto de desaprobación al escuchar que la joven estaba dispuesta a hacer a un lado a su supervisor.
•- ¿Qué se te ha metido en la cabeza, chica? Algunos días atrás te sugerí que pasaras el caso. No te está haciendo ningún bien.
•- Escúchame- dijo Madelaine, ignorando el comentario de su amigo -la chica actúa como chico. Lo ha hecho casi toda su vida, pero me pregunto si realmente ella se lo cree. Estoy casi segura... de que no es transexual.
•- Es una adolescente, Madelaine. A esa edad la mayoría ya sabe su identidad. En todo caso, lleva mucho tiempo actuando como un varón. A esta altura no van a cambiar las cosas.
•- Eres pesimista, Ethan
•- ¡Soy realista! Además, pregúntate algo: ¿Alicia realmente quiere cambiar?
•- Nadie se lo ha preguntado ¿o sí? Su madre siempre la trató como un varón, como al hijo que perdió antes de que ella naciera. Su padre también la prefiere así. Con semejante carga encima era obvio que Alicia iba a comportarse como hombre, si las personas más importantes de su vida esperaban que así fuera.
A Ethan le fastidiaba que Madelaine se pusiera demasiado testaruda en sus ideas. Sobre todo porque sabía lo que seguía: una acalorada discusión sobre quién de ellos tenía la razón.
Resopló y se dejó escurrir por el respaldo de la silla.
•- Amiga, todo este maravilloso tiempo que podrías dedicar a tu vida lo estás malgastando en la vida de una paciente, que no debiera importarte después del consultorio.
•- Para ti es fácil decir eso- objetó la joven, ya molesta -a nadie le importa lo que pase con esa chica hombruna. Si dejo el caso, su vida no mejorará, irá de un terapeuta a otro, y mientras tanto seguirá complicándose. Pronto crecerá y será sólo un cúmulo de desdichas. Y todo sólo porque a nadie le daba la gana meterse un poco más en el asunto y ofrecerle una solución. ¡Eso es lo que intento hacer ahora, Ethan! Pero todo lo que veo en ti, es la poca disposición para colaborar.
Ethan se levantó ante la resuelta actitud de Madelaine para abandonar el sitio.
•- Está bien... no te alteres. Toma asiento te lo ruego.
Madelaine pareció considerarlo y volvió a su sitio. Ethan la miró un tanto perturbado.
•- No tengo idea de cómo piensas ayudarla, Madelaine. Eso es todo.
La joven fijó sus grandes y rasgados ojos negros en su compañero. Esta vez, parecía vacilante al seguir comunicando sus ideas.
•- Voy a ganarme su confianza, a tal punto que desplace a sus seres queridos.
•- Madelaine...
•- De ese modo, ya no parecerá correcto lo que ellos solían decir, sino lo que yo diga.
•- No, no querida. No me parece conveniente en lo absoluto. Discúlpame... pero no vas a arriesgarte de ese modo.
Madelaine sonrió con cierta tristeza.
- Sabía que no estarías de acuerdo conmigo. Pero voy bastante adelantada en esto y no pienso pedirle a nadie permiso.
CAPÍTULO 7
Alicia remaba con fuerza. Sujetaba los remos con ahínco, y parecía algo muy sencillo viéndola mover la lancha hacia el centro del estanque. Había aprendido a no darse por vencida, a llevar su potencial hasta sus últimas posibilidades.
Era una característica de ella en muchas facetas de su vida. Jugaba fútbol, basquetbol y béisbol al lado de su primo Brian, quien la adoraba. Había que enfatizar que Brian la veía más como un compañero inseparable que como una niña, alguien con quien podía subir peñascos, crear extraños inventos y ganar los juegos.
Madelaine la observaba esforzarse, sin dar oportunidad alguna a recibir ayuda. Había algo en esa chica recia, que no cuadraba con ella. Cierta fragilidad delataba su necesidad de afecto. Lejos de ser hosca, buscaba en todo momento una sonrisa con su interlocutor. Parecía en todo, una chica dispuesta a tomar un ideal para aferrarse a él. Ese ideal, parecía ser en ese momento, su terapeuta.
•- Por lo que sé- comento Madelaine -eres buena haciendo amigos.
•- Conozco mucha gente- dijo Alicia -pero no es fácil para mí tener amigos. Busco sobre todo, personas mayores que yo.
- Comprendo, eso se debe a tu madurez, que es superior a la de alguien de tu edad.
•- A veces- empezó a decir Alicia -me gustaría ser una persona simple, y lo he intentado. Lo más simple que puedo hacer es jugar fútbol con Brian, pero prefiero las conversaciones con gente mayor.
•- ¿Tienes muchos amigos mayores?
•- Amigas. La mayoría de mis profesoras lo han sido. Me gusta mucho conversar con mujeres, creo que tienen una sensibilidad admirable.
•- ¿Te lo parece?
•- Los hombres son fríos y aburridos- se quejó Alicia -la mayoría sólo quieren presumir lo que saben. Cuando una les supera se molestan. Mis amigas son diferentes, conversan, bromean, y además están dispuestas a escuchar cuando más se las necesita.
•- Es curioso- comentó Madelaine, sumida en sus reflexiones -yo podría decir las mismas cualidades pero de los hombres. A mí me cuesta más trabajo relacionarme con
la gente de mi mismo sexo.
•- Todo es relativo- suspiró Alicia, que continuaba remando -en este momento, me daría usted la razón.
•- ¿Me consideras tu amiga, Alicia?
Alicia se ruborizó, aunque lo manejó con astucia. Sonrió con ese rictus masculino que la hacía romper con sus emociones.
•- Usted está en un nivel más alto que cualquier amistad. Es un ejemplo a seguir, una persona modelo.
•- Espero que algún día logre ser tu amiga. Debe ser maravilloso tener a una amiga como tú.
Alicia negó, aunque se le veía pesarosa.
•- No, no lo creo conveniente. Jamás podría verla como a una amiga.
Madelaine contempló el sol que se iba apagando en el horizonte, y teñía de rojo las aguas de la laguna.
Había cierta tristeza en su mirada.
Alicia se mordió los labios y se rascó la cabeza, abrumada. Si había algo que odiaba, era contrariar a la gente que amaba.
CAPÍTULO 8
¿Qué se necesita?
Paciencia, confianza en sí misma, capacidad de autoconocerse y autoevaluarse. Tal vez mucha autoestima... tal vez, mucho valor...
Ya entonces, Alicia maduraba una idea en su cabeza, mientras observaba a Madelaine preparar un pastel.
Le era tan imposible la idea de convertirse en mujer, porque jamás lo había contemplado en un futuro.
Pero el futuro se acercaba y ya le jugaba sucio en ocasiones, boicoteando su fisonomía masculina. No era hermafrodita, y desde luego, su biología era claramente femenina. Sin embargo, había algo mental en Alicia, que retrasaba en forma sorprendente las características secundarias de la pubertad. Así, a los quince años, la chica no había desarrollado los pezones y aún no presentaba su menarca. Se le veía delgada, aunque no flaca, con desgarbados brazos y espalda ancha que en ocasiones mostraba una fuerza sorprendente. Sus manos, que eran enormes y cuyas venas le saltaban con frecuencia, eran ásperas y magulladas, acostumbradas al trabajo pesado y al deporte.
Sentada, en la forma habitual que lo haría un mozalbete, con las piernas musculosas en lugar de delineadas y agraciadas por curvas, Alicia denotaba cierta agresividad en su porte. Solamente su sonrisa variaba en ocasiones, era sorprendente cómo podía convertirse en hombre o mujer con la simple forma en que esbozaba su sonrisa.
•- Quedará perfecto- dijo Madelaine mientras colocaba el pan en el horno, pronto un delicioso aroma inundaría toda la casa. La hermosa morena se sentó en la mesa e indicó a Alicia que hiciera lo mismo.
La adolescente se sentó con torpeza, debido a que era un poco grande para entrar en aquella mesa. Encogió la espalda, y cruzó los enormes brazos, en actitud de poner atención.
•- Primero,- dijo Madelaine -tenemos qué pensar en lo esencial para una mujer. Así que vayamos aportando ideas.
Alicia sonrió, pero no dijo nada. Cierto hermetismo se adivinó en su vivaz mirada. Madelaine insistió.
•- Dime... aunque sea una sola... ¿Qué cualidad podemos encontrar en una mujer,
qué característica esencial podemos hallar en ellas?
•- No sé...- dijo Alicia, rascándose la cabeza -a mi forma de ver... una mujer es de tantas maneras que no se la puede describir tan fácil.
•- Alguna vez lo hiciste.
•- Sí... pero me equivoqué en varias cosas ¿Recuerda? Ahora no sé cómo es una mujer exactamente.
•- Yo puedo ayudarte- le animó Madelaine -podemos construir una concepción de mujer entre ambas ¿Te parece?
Se notaba que a Alicia le costaba un esfuerzo titánico hablar del asunto. Sus ojos denotaban ansiedad, aunque estaba acostumbrada a permanecer firme frente a una situación desagradable.
•- Una mujer es bonita- dijo, por fin
•- ¡Bien! Ya empezamos por algo. ¿Qué más?
•- Habla en forma educada- dijo Alicia -su voz es delicada y fina. De hecho, toda ella es... delicada... como una flor.
Madelaine sonrió ante la descripción. Alicia al notarlo, se puso colorada.
•- ¡Lo estás haciendo bien! Adelante... sigue...
Alicia carraspeó, antes de continuar.
•- Voy a serle honesta. No me gusta la idea, no quiero ser mujer. Toda mi vida he buscado incansablemente convertirme en un varón.
•- ¿Estás segura?
•- ¿Cómo puedo ser una mujer?- exclamó Alicia, lastimera -para mamá yo era "Alan". Me gusta ser Alan y deseo convertirme en él.
•- Mamá ya no está- le confrontó Madelaine en voz muy baja -¿Aún quieres ser "Alan"?
Alicia calló y miró suplicante a su terapeuta. Le rogaba con la mirada que no la obligase a cambiar nuevamente su identidad para ser amada.
CAPÍTULO 9
El pastel estaba listo. Madelaine sonrió satisfecha.
•- ¡Alicia, ven! ¡Necesito que me ayudes, esto está realmente caliente!
Estuvo sacando el pan del horno con cuidado. Hacía mucho que no cocinaba y aquel delicioso olor le abrió el apetito. Pero Alicia no llegó a ayudarla.
•- ¿Alicia?
Madelaine dejó el pastel en la mesa y se apresuró a salir de la cocina. Alicia se preparaba para salir, abrochaba su gruesa chamarra de trabajo y buscaba su gorra.
•- ¿Qué sucede?- preguntó la joven desencantada -¿A dónde vas?
La chica no se atrevía a mirarla a la cara, aunque sabía que quería hacerlo. Se veía tan bien en ese vestido corto sin mangas, con ese lindo delantal que le ceñía coquetamente la cintura, y ese gracioso trazo de harina que tenía accidentalmente en la mejilla.
•- Me voy- dijo secamente -creo que ya no hago falta aquí.
•- Apenas empezábamos- protestó Madelaine -creí que querías pastel. ¡Lo hice para ti!
Alicia miró extrañada a Madelaine. Su rostro, más que incertidumbre, se veía molesto.
•- ¿Por qué? ¿Por qué tanta amabilidad?
Madelaine se quedó sin habla unos instantes. Sus sensuales labios se abrieron intentando decir algo, pero su voz tardó en llegar.
•- Porque quiero ser amable contigo ¿Vale?
•- No haga eso- dijo la adolescente colocándose la gorra en la cabeza -guarde su noble gesto para quien lo merezca. Yo no lo necesito.
•- Pero...
•- No está bien que la vea aquí en su casa, ni en el bosque... ni en el lago... Disculpe mi grosería, pero ya no puedo más con esto.
•- Alicia, espera...
•- Que tenga una buena tarde...
•- ¡No te vayas!
Aquella súplica fue desesperada, algo que la joven terapeuta no pudo evitar. Había salido de lo más profundo de su alma y fue suficiente para que Alicia consternada, no llegara al picaporte de la puerta.
Ambas se estremecieron y miraron asustadas. Alicia tragaba saliva, su frente sudaba copiosamente. Madelaine se mordió el labio y buscó rápidamente una forma de solucionar aquella comprometedora y fugaz emoción.
•- Quédate- le dijo en voz baja -te lo suplico.
•- No... no puedo...
•- Tienes miedo, lo sé. No va a pasarte nada malo, te lo aseguro.
Alicia apretó los puños y miró alarmada a su interlocutora
•- No temo por mí, temo por usted.
•- No va a pasarme nada tampoco.
•- ¿Por qué está tan segura?
•- Porque lo que quiero es bueno para ti, y confío en ello.
•- ¿Ah sí? ¿Sabía que no bastan las buenas intenciones?
Esta vez, Alicia se veía retadora. Sus ojos se tornaron agresivos e iracundos. En unos minutos... se había convertido en un ser amenazante. Madelaine trató de conservar la calma.
•- Lo sé. Las buenas intenciones no bastan... por eso estoy haciendo todo esto...
•- ¿Por qué lo hace? Usted quiere anotarse unos puntos a su favor curando a esta pobre desgraciada que se cree un cabrón. Sabe que si lo logra será una de las mejores, pero en realidad... ¡lo que suceda conmigo le importa un carajo!
•- ¡No es verdad!
•- ¡Entonces no pretenda ser amable con alguien a quien pronto botará en cuanto se "cure"! ¡Y no diga que se esfuerza en solucionarlo para ayudarme! ¡Si quiere que actúe como una "nena" lo haré! ¡Si esto es suficiente para cerrar el caso, lo haré ahora!
Madelaine tembló al oír aquello, se sintió herida en su orgullo. Pero había tenido muchos enfrentamientos con adolescentes en su carrera, estaba acostumbrada al contra-ataque.
•- Bien ¿Quieres dejar esto? Dejémoslo entonces.
Alicia guardó las manos en los bolsillos y resopló, tratando de controlarse. Pero no pudo más, y propinó a la puerta una estruendosa patada.
•- ¿Lo ve? Yo le importo un carajo...
•- ¿Lo crees así?
•- ¡Sí! ¡Usted es como todas! ¡Pensé que era diferente... pensé que era mejor!
•- ¿Mejor que quién?
•- ¡La estúpida de mamá se mató para fastidiarme!
•- ¿Crees que quiero fastidiarte?
Alicia la amenazó con el puño.
•- ¡Sí! ¡Sabe que yo brincaría de un edificio si usted me lo dice...! ¡Está jugando con eso!
•- Mamá... ¿también lo sabía?
Alicia se sentó en el sofá del recibidor. Se veía derrotada y vacilante.
•- Yo... no llegué a tiempo... le dije que iba a sacarla de ese sanatorio.
Madelaine se sentó a su lado. Se sentía profundamente conmovida, pero tenía que aprovechar ese momento.
•- ¿Podías sacarla de allí, Alicia?
•- Sí podía...
•- ¿Cómo?
•- ¡No sé!- exclamó la chica con voz ronca -¡Ya se me ocurriría algo! ¡Siempre se me ocurre!
•- ¿Tal vez no podías?
•- ¡Tenía que sacarla de allí!
•- ¿Ella te lo pidió?
•- ¡Me pidió que lo hiciera! ¡Y le dije que sí! ¡Le dije que no se preocupara, que no estaba loca y que yo lo arreglaría!
•- Tal vez ella sabía que no podías hacerlo Alicia. Tal vez... no te correspondía hacerlo...
Alicia golpeó el brazo del sofá y luego se rascó la cabeza, bajo la gorra. Era sorprendente la forma como se resistía al dolor.
Sin embargo, dijo:
•- Lo último que le oí decir, fue que no la dejara... Me pidió que no me fuera... como usted acaba de hacerlo. Después...
Y calló, mirando el piso con los brazos cruzados y una emoción contenida en su rostro.
Madelaine se sentía un poco culpable, por haber reaccionado sin pensar. Pero dejó los protocolos, y tomó el hombro de Alicia con ternura.
•- Eres una niña.... una hija noble que quería a su madre... quizá mamá no lo entendía así.
•- No pude salvarla...- repetía Alicia -siempre la protegí... siempre la hice reír... siempre fui su "único" motivo... Al final, le fallé.
•- No lo hiciste.
•- ¡Está muerta!
•- Ella lo decidió así, Alicia.
•- ¡No!
•- No eres responsable de la felicidad de tu madre. No eres responsable de la felicidad de nadie más.
Alicia miró sorprendida a Madelaine.
•- ¿Por qué mamá siempre estaba triste?
•- Eso nunca lo sabremos- suspiró Madelaine -pero si de algo estoy segura, es que no lo hacía por fastidiarte. Tal vez... la idea de no volverte a ver fue lo que la orilló a tomar esa decisión.
Alicia se quedó anonadada. Su mente divagaba en otra parte. Madelaine se levantó, sabía que era el momento de respetar el silencio de la chica.
•- Puedes quedarte todo el tiempo que gustes- le dijo y desapareció por la puerta de la cocina.
CAPÍTULO 10
Ethan esperó como de costumbre en la cafetería cercana. Se había topado en la mañana con Ruth, amiga suya y que llevaba su hijo adolescente a psicoterapia con Madelaine. Ruth le había comentado que Madelaine olvidó su cita con Edgar aquella mañana. Tuvo que llamarle por teléfono para que la terapeuta recordara que había faltado a su compromiso.
•- ¿Qué le sucede?- le preguntaba Ruth a Ethan -creí que Madelaine tenía un estricto sentido del cumplimiento.
Al joven Ethan le preocupó aquella conducta. No era psicoterapeuta, pero adivinaba una conducta errática en Madelaine, que denotaba un cambio en su persona poco favorable.
Sus presentimientos aumentaron cuando la vio llegar con una chica, que en seguida reconoció como Alicia.
La adolescente se veía extraña en su atuendo, que por cierto era un vestido demasiado serio. Parecía que se lo habían encasquetado a la fuerza, pues parecía más un chico disfrazado que una adolescente recobrando su identidad.
Madelaine venía tan gustosa, que cualquiera diría que se hallaba en su mejor momento. Tomó a Alicia del brazo y se la presentó a Ethan.
•- ¡Quería presentarte a Alicia! Creo que ya era hora de que se conocieran.
Alicia lanzó a Ethan una mirada extraviada. Era obvio que no le habían hablado mucho acerca de él.
•- Hola Alicia ¿Cómo estás?
•- Bien, señor. Gracias- respondió educadamente Alicia estrechando la mano de Ethan en forma fuerte y firme, como lo haría un muchacho.
•- ¿Podrías llamarme, Ethan?
•- Claro, señor.
Madelaine se echó a reír.
•- Será mejor que no la presiones. Creo que se siente más cómoda llamándote "señor". A mí me llama "doctora".
•- ¿Gustan beber algo?- comentó Ethan, mientras las invitaba a sentarse.
•- Sólo un café- dijo Madelaine -¿Qué deseas tomar, Alicia? Ethan invita.
- Agua- se limitó a decir la chica con cortesía.
•- Puedes excederte si gustas- le recomendó Ethan -hay un mantecado muy bueno es esta cafetería.
Alicia sonrió, pero declinó la oferta.
•- Gracias, señor. Agua será suficiente.
•- ¡Vamos, Alicia!- le instó Madelaine -no vas a celebrar con un vaso de agua ¿o sí?
Alicia volvió a sonreír, esta vez, de forma muy extraña.
•- Está bien. Venga un mantecado.
Madelaine miró triunfante a Ethan.
•- Alicia está festejando su cambio de imagen ¿Qué te parece?
•- Te ves linda- le dijo Ethan, aunque era obvio que la chica estaba sumamente incómoda en ese atuendo.
•- Gracias- le respondió Alicia, de nuevo con cortesía. Su actitud era seca, sin delicadeza. No parecía molesta, pero parecía hacer un tremendo esfuerzo por representar su papel.
Ethan le observó en silencio, y luego se volvió a Madelaine.
•- Y bien ¿Qué me cuentas? ¿Cómo te ha ido?
•- Bastante bien- dijo Madelaine -¿Y a ti?
El joven sonrió burlón.
•- No me has respondido del todo. Lo psicólogos le llamarían a "eso" una respuesta vaga.
Madelaine se molestó.
•- Estoy bien Ethan. ¿Qué más quieres que te diga? Todo marcha perfectamente.
•- Bueno- comentó Edgar distraído -sucede que me enteré accidentalmente que olvidaste tu cita con Edgar.
Madelaine calló, y miró con fijeza a su compañero. Alicia, por su parte, dejó el mantecado y miró ansiosa a su terapeuta.
•- ¿A qué hora era esa cita? ¿Por la mañana?
•- No te preocupes- dijo Madelaine sonriendo -ya repondremos esa cita con Edgar.
- Fue mi culpa- lamentó Alicia -no debí quedarme dormida en el sofá.
•- Alicia, fue muy agradable tenerte en casa- le dijo Madelaine, tranquilizándole -no ha pasado nada grave. Todo tiene solución ¿sabes?
Ethan arqueó las cejas, pero no dijo nada.
Llegaron las bebidas y estuvieron conversando. Alicia sabía mucho sobre algunas actividades predilectas por Ethan: alpinismo, béisbol, automóviles y herramientas.
•- ¿Sabes construir una casa en un árbol?
•- Sí, señor.
•- Podríamos hacer una. La podemos hacer un día de éstos ¿Qué dices?
•- Me encantaría.
Alicia se levantó de pronto.
•- Si me disculpan...
Y mostró el sanitario.
En cuanto se hubo marchado, Ethan encaró furioso a Madelaine.
•- ¿Dejaste que se quedara en tu casa?
- ¿Cuál es el problema?
•- ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?
•- La estoy ayudando- enfatizó Madelaine defendiéndose -y lo está haciendo bastante bien. Hoy ella misma decidió usar vestido.
•- Será porque tú la estás orillando a eso.
•- ¡Ethan!
•- ¿Acaso no has notado la forma en que te mira? ¡Haría lo que fuera por ti!
•- ¿Estás celoso?
•- ¡Está enamorada de ti!
•- Eso no es cierto- aclaró Madelaine -por si no lo sabes, hay una transferencia en toda relación terapéutica.
•- Y una "contratransferencia" también. No soy tan ignorante.
•- Ethan, Alicia está reprocesando sus afectos. Me idealiza, pero no quiere decir que se haya enamorado.
Ethan meneó la cabeza, estupefacto.
- Estás ciega, Madelaine. Dios quiera que no te equivoques.
CAPÍTULO 11
Alicia lanzó el balón tan lejos como le fue posible. Ello le daría el tiempo suficiente para salirse del campo de juego.
Brian, al ver que se alejaba, salió corriendo detrás de ella.
•- ¿A dónde vas?
•- Tengo cita.
•- ¡Estamos a punto de ganar!
•- Lo sé. Lo lograrán sin mí. Ahora, tengo que marcharme.
Brian era un poco más alto y robusto que Alicia. Físicamente se parecían, aunque Brian tenía sus rasgos más definidos como varón. Eran primos hermanos, y Brian le ganaba a Alicia con un año de diferencia. Juntos, se veían como uno mismo, incluso había quien pensaba que eran gemelos.
Sin embargo, Alicia percibía que su organismo estaba por sucumbir a su orden acostumbrado. Sus rasgos se volvían finos y afilados. Su cuerpo, aunque largo, era delicado y extremadamente delgado. Vivía su adolescencia en medio de un androginismo que la estaba agobiando, donde de pronto sus fuerzas la traicionaban.
Empezaba a ser notada con frecuencia, causando una especie de fascinación entre chicos y chicas, así que había optado por esconderse y pasar desapercibida. Ya no podría fingirse chico en los deportes, al lado de Brian. Empezaba a volverse estilizada.
Quizá lo inevitable estaba por llegar; se acabaría convirtiendo en una mujer, sin remedio alguno.
Sólo su amor por Madelaine no cambiaba.
Brian también parecía percibirlo, aunque muy a su manera. Se sentía inquieto y a ratos molesto ante la reciente renuencia de su prima a acompañarlo en sus correrías. Amaba a Alicia y le quería al punto de pensar que la vida era inconcebible sin ella. Pero jamás la había visto como mujer, para él "Al" como solía llamarle, era su inseparable compañero de juegos.
•- ¿Qué importancia tiene una estúpida cita con una loquera?
Alicia no respondió. Se cambió los zapatos deportivos, se puso su chamarra y montó su bicicleta, todo en cuestión de minutos. Brian la detuvo aún, tomándole rudamente por el hombro.
- Ella te ha cambiado, mucho Al. No se vale.
Alicia miró a Brian, por unos momentos no supo qué decir.
•- Se supone que debiera cambiar- dijo al fin.
•- ¿Por qué? Eres normal, no estás loca.
Alicia sonrió con cierta mofa.
•- Bien se ve que eres ignorante en cuestión de psicólogos. Claro que no estoy loca, y no voy al psicólogo por eso.
•- Entonces ¿Por qué razón tan poderosa vas? ¿Cómo abandonas el juego de esa forma?
•- Porque no debiera estar allí. Soy mujer.
•- ¡Al, por favor...!- protestó Brian molesto. Aquello le parecía algo ridículo.
•- Busca un chico para tu equipo, Brian.- fue todo lo que dijo Alicia y se lanzó en la bicicleta a toda velocidad por las avenidas.
•- ¡No está bien lo que está haciendo esa mujer contigo!- le gritó Brian enfurecido, mientras pateaba con fuerza un bote de basura.
Justo antes de la hora acordada, llegó al pequeño jardín que enmarcaba la entrada principal en casa de Madelaine. Se detuvo frente a la puerta y bajó de la bicicleta, para sentarse afuera de la casa.
Ethan salió de la casa, y saludó a Alicia.
•- ¡Hola! ¿Cómo estás?
•- Bien, señor. Gracias.
•- Llegas temprano.
•- Alicia observó el reloj y se encogió de hombros.
•- Sí... tal vez.
Ethan observó que Alicia había dejado su "cambio de imagen" aquel día. Por su vestimenta y actitudes, se diría que era prácticamente un muchacho.
•- ¿Y el vestido?
•- Sólo tengo uno- se excusó Alicia -lo llevé a la lavandería.
•- Dime- dijo Ethan, sentándose en quicio junto a la chica -¿De verdad quieres renunciar a ser hombre?
Alicia asintió sin rodeos, aunque con un enérgico y masculino movimiento de cabeza. Ethan sonrió.
•- ¿Sabes una cosa? No te creo, no te creo nada.
•- Debería- dijo la chica sin inmutarse.
•- No me pareces una chica. Ahora no me lo pareces.
•- Sólo tengo que actuar como una y estará arreglado- dijo Alicia -me falta práctica pero ya lo lograré.
•- Pero no se precisa que "actúes" como una chica- objetó Ethan -sino que realmente seas una de ella. Lo que quiere decir que debes pensar, sentir, hablar y caminar como una de ellas.
•- Lo intentaré.
•- Alicia- le dijo Ethan con dureza -de hombre a hombre, mírame a la cara.
La chica obedeció. Su mirada firme y decidida no flaqueó en ningún momento frente a los escrutadores ojos de Ethan.
•- ¿Estás haciendo esto por Madelaine?
Alicia pareció titubear, pero se armó de valor.
•- Sí, señor.
•- ¿Por qué?
Alicia se encogió de hombros, pareció meditarlo un momento.
•- Porque es la única que cree que puedo lograrlo- afirmó -eso se agradece.
Ethan la miró sorprendido.
•- ¿Estás dispuesta a cambiar sólo porque ella lo cree así?
•- ¿Sabe lo que es vivir actuando para los demás?- dijo Alicia -es duro y bastante difícil. Hasta ahora todos me habían pedido que represente algo que no era. Por lo menos ella está dispuesta a darme una oportunidad, la única que tengo: convertirme en lo que soy y no odiarme por ello.
CAPÍTULO 12
Hacía tiempo que la dinámica terapéutica con Alicia era muy distinta. Cocinaban en casa de Madelaine, leían libros, veían películas; y sobre todo, conversaban mucho.
La chica había empezado a dejar sus actividades habituales, como los deportes y las arduas labores de mecánica, y dedicaba casi todo el día a Madelaine, después de la escuela.
Su nerviosismo inicial se iba debilitando. Las mariposas en el estómago cedían cada vez más. Su terapeuta ya no le provocaba esa extraña excitación que la paralizaba en un inicio. De pronto, parecía presenciar como una divinidad se transformaba en un ser humano paulatinamente.
Aún así, seguía disfrutando aquella compañía, estaba por encima de cualquier actividad que antes le atrajera.
Aquel día, por ejemplo, había soportado una empalagosa película romántica junto a Madelaine. A pesar de lo incomprensible y absurda que ésta le pareció, permaneció frente al televisor con la fidelidad de un perro.
•- ¡Qué intensa! ¿No te parece?
Alicia sonrió. La joven terapeuta comprendió que no era capaz de tragarse semejantes historias.
•- Debió parecerte cursi.
•- No se preocupe. Es similar a ver los estúpidos espectáculos de lucha libre que Brian frecuenta los domingos. A ratos... parece divertido.
Madelaine se echó a reír sonoramente.
•- ¡Agradezco tu sinceridad!
Alicia volvió a sonreír. Sin embargo, cambió bruscamente de tema.
•- Es curioso. Estamos aquí en su casa, riéndonos frente al televisor de inocentadas. Pero allá afuera estarán pensando que hacemos cosas malas.
•- ¿Te refieres a Ethan?
•- Y a Brian también. De hecho, cualquiera que se entere se puede imaginar lo peor...
•- Escucha- dijo Madelaine, apagando el televisor -"la gente" opina y critica muchas cosas porque ignora acerca de éstas. En realidad no tienen idea de qué está
pasando y le temen a ello. Por eso te recomiendo dejar de lado opiniones que no tienen fundamento. Tú y yo sabemos lo que estamos haciendo ¿Comprendes?
Alicia asintió. Miró la bata de dormir que llevaba puesta, con tantos holanes y decorados. Madelaine la observó.
•- ¿Sucede algo, Alicia?
•- No sé...- dijo la chica -no se siente nada especial. Se supone que ya estoy actuando como mujer... pero no noto mucho la diferencia de cómo era yo antes.
•- No tienes que cambiar realmente- le dijo Madelaine -no se trata de magia ¿Sabes? Tu personalidad, lo que tú realmente eres, eso se quedará. Lo demás, desaparecerá con el tiempo.
•- ¿Está segura?
Madelaine notó cierta aprehensión en la voz de la adolescente. Se sentó a su lado y le rodeó los hombros con el brazo.
•- ¿Qué sucede? Puedes contarme.
Alicia no pareció reaccionar al abrazo. De hecho era la primera vez que ambas estaban
tan juntas. Madelaine no supo si se debía a que la chica había roto por fin el hielo, o se debía a que estaba demasiado distraída para reparar en ello.
•- En realidad, nunca me molestó actuar como un chico. De hecho lo prefiero, pero... algo está cambiando últimamente.
•- ¿Qué está cambiando?
Alicia señaló una zona entre las clavículas, justo donde terminaba el cuello.
•- Hay algo aquí que se siente muy duro.
Efectivamente, Madelaine comprobó que el pecho de la chica era duro como una roca. Parecía que le hubieran puesto bajo la piel una placa de acero.
•- ¿Sientes algo aquí?- le preguntó. Alicia asintió, preocupada.
•- Sí, hay algo violento allí... que me da miedo.
•- ¿Cómo lo vives?
•- No lo sé... exactamente. Pero estoy convencida de que lo que guardo allí hace mucho daño. Cuando supe de la muerte de mamá, sentía un escozor terrible mientras me dirigía a mi aula de clases. Luego tomé una butaca y la emprendí contra la profesora y contra todos. A muchos los lastimé, soy conciente de ello. A medida que crezco, esa sensación aumenta.
•- Entiendo- dijo Madelaine -¿Qué nombre le darías a "eso" que sientes?
•- Creo que es el "hombre" que llevo dentro- razonó Alicia -cuando soy hombre me siento segura, me siento protegida. Creo que, no importa lo que pase, saldré bien librada. Pero últimamente... este "hombre" se sale de control, y no quiero. No quiero ser un mal hombre, ¿Entiende? Prefiero ser mujer.
Madelaine sonrió y la miró con ternura.
•- Si me permites... yo le pondría otro nombre. Le llamaría "enojo".
•- ¿Usted lo cree?
•- Llegará un momento Alicia, en que no tendrás miedo de ser mujer. Recuperarás tu seguridad, tu fuerza y tu valentía. Eres una guerrera valiente, mi niña, pero cambiarás tus armas por otras más efectivas.
•- No quiero ser un hombre malo...
•- No eres un hombre malo.
Odiaría convertirme en mi padre ¿Entiende? Si mi futuro como hombre es convertirme en un monstruo, prefiero ser como mamá.
Madelaine acarició el cabello de la chica.
•- No eres como papá, Alicia. Tampoco eres como mamá. Eres única, diferente, una mujer con tantas capacidades... que has sabido adaptarte a muchas situaciones difíciles.
Y tocó nuevamente, aquella coraza secreta.
- Es el enojo lo que te protege. Cuando estás muy asustada, te enojas lo suficiente para ahuyentar al enemigo ¿No es así?
Alicia bajó la cabeza, abochornada.
•- Sí...
•- No te culpes, es normal que reacciones así. Sin embargo, hay muchas maneras de defenderse linda. El enojo puede ayudarte en ocasiones, pero en otras tantas, te hará ver peligro donde no lo hay.
Alicia se volvió a verla sorprendida. Nuca había considerado tal cosa.
CAPÍTULO 13
Se despertó hacia la medianoche, un poco perturbada. Había tenido un sueño inquieto y extraño, en una ciudad desconocida, buscando algo que no encontraba. Estiró sus brazos, tratando de recuperar su relajación. Entonces se dio cuenta de que no estaba.
Madelaine se levantó rápidamente y se apresuró a abrir la puerta. "¡Se ha marchado!" murmuró para sí "Todo iba tan bien...". Lamentaba que después de tanto trabajo personal, la chica hubiera decidido marcharse.
•- Aquí estoy.
Madelaine se volvió sorprendida. A un lado de la cama, sobre la mullida alfombra, estaba la chica acostada. Su posición era tensa, boca arriba con las manos cruzadas. Daba la impresión de un cadáver en un féretro, con los ojos muy abiertos en la oscuridad.
Madelaine se acercó y se recostó a su lado en la alfombra. Comprendía que para la chica aquella situación era más difícil de lo que esperaba.
•- No haga eso- le suplicó Alicia sin moverse -puedo dormir aquí sin ningún problema. Usted despreocúpese.
- Te da miedo ¿No es así?- dijo la joven conmovida -crees que algo sucederá allí en la cama, que te hará sentir mal.
•- Todo el tiempo...- respondió Alicia con aprehensión
•- Te comprendo- dijo Madelaine, miraba la habitación desde el piso, le parecía interesante -comprendo que me temas, por invadir tu privacidad de ese modo. Sé que tanta amabilidad te puede despertar sospechas.
•- No es por usted, es por mí. Tengo miedo de hacerle daño.
Madelaine sonrió.
•- No, Alicia. Sabes bien que soy yo la que podría hacerte daño.
•- No... usted sería incapaz...
•- Temes que me acerque más a ti de lo que me has permitido.
Alicia no pudo decir nada esta vez. Cerró los puños sobre su pecho, se veía molesta. Madelaine la observaba.
•- ¿Puedes sentir tu enojo ahora? Tienes más miedo en este momento.
•- No.
- No lo niegues, Alicia. No ahora, te lo suplico.
•- Está bien- reconoció Alicia -sí es enojo, mucho... y puedo sentirlo aquí, en el pecho, donde le decía hace rato. Quiero golpearla, y me estoy resistiendo a ello.
•- Estás molesta conmigo.
•- No...
•- Dímelo. Quiero escuchar que me lo digas.
Alicia tragó saliva y mantuvo sus puños cerrados. Le costaba mucho trabajo hablar.
•- Alguna vez... pensé que yo era normal, que lo que pasaba era normal... que no tenía de que avergonzarme... pero ahora sé que hice mal... que no me correspondía ese lugar en la cama... por eso estoy aquí abajo.
•- Te molesta que te permita quedarte ¿verdad?
•- Mucho. No debiera permitirlo.
•- Puedo permitirlo- dijo Madelaine -pero tú puedes detenerlo.
Alicia suspiró angustiada.
•- No sé si pueda...
Claro que puedes- le susurró Madelaine. -Nadie puede hacerte daño, Alicia, si tú así lo decides. Eres fuerte, valiente... y muy lista.
Alicia tragó saliva y luego dijo, titubeante.
•- No sé si quiera detenerlo.
Madelaine se quedó callada. ¿Cabría la posibilidad de que Alicia no sufriera en realidad? ¿Tal vez lo que buscaba era precisamente situaciones como ésas?
•- Ese corazón tuyo ha sido lastimado- le dijo Madelaine, - Ha sido engañado alguna vez ¿no es así?
•- Muchas veces- dijo Alicia, en voz baja -han sido tantas... que ya no recuerdo.
Madelaine quería abrazar a la chica, quería estrecharla en sus brazos y decirle que no debía temer nada de ella. Sentía el pesar de Alicia en todo su ser, su desesperación y tristeza. Pero se contuvo, sabía que cualquier contacto en ese momento, lo podía echar a perder todo.
•- No todas somos así- le dijo -yo no quiero jugar contigo.
•- Lo sé...
- Quiero que seas feliz, Alicia. Quiero que puedas acercarte a quien desees y no te sientas vulnerable. Quiero que dejes de pensar que eres una mala persona, porque en realidad, tienes un gran corazón.
Alicia se volvió a verla, con la mirada extraviada.
•- ¿Cree que pueda lograrlo?
•- Yo estoy aquí para ayudarte- le dijo con vehemencia Madelaine -si quieres "romper ese hechizo" cuenta conmigo.
La chica sonrió, aunque su gesto fue masculino, evidenciando que aún se protegía.
•- Gracias- le dijo y permaneció en silencio, inmersa en sus reflexiones.
Madelaine regresó a la cama, sin decir más. Se durmió nuevamente, en medio de su desaliento, indignada ante aquellas personas que destruían la inocencia de otros seres sólo para preservarse a sí mismas. Pero sobre todo, odiaba que fueran capaces de traicionar los lazos más sagrados de la humanidad.
Sin embargo, al despertar se encontró con una agradable sorpresa. A su lado, la chica dormía profundamente.
CAPÍTULO 14
- ¡Abran!
Un golpe seco en la puerta de la entrada despertó a Madelaine. Se estremeció asustada, porque nunca habían irrumpido en su casa de esa manera. Alicia despertó también, bastante somnolienta para ponerse alerta.
•- ¿Qué... sucede?
•- Quédate aquí- le dijo su terapeuta mientras se ponía una bata alrededor de su ligero camisón para dormir.
La chica no dijo nada. Hacía mucho tiempo que no dormía bien y esta vez, no podía despabilarse.
Madelaine bajó las escaleras, mientras seguían llamando con insistencia. Su sorpresa fue mayor, cuando al abrir la puerta, se encontró con Edmundo.
Estaba furioso, sus ojos fuera de sus órbitas. Había pasado toda la noche buscando la casa de la psicoterapeuta.
•- ¿Qué haces aquí, Edmundo?
•- ¡Es lo que yo me pregunto!- dijo el hombre, haciéndola a un lado con rudeza y
entrando a la casa. Estaba descuidado y sucio, con la barba sin rasurar. No lo estaba pasando bien últimamente.
•- ¿Dónde está?
•- ¿De qué hablas?
•- ¡Alicia!- exclamó iracundo -¡Sabe de qué hablo! ¡Está aquí con usted!
Madelaine comprendió de pronto el lío en que se había metido. Edmundo había separado a Alicia de su madre de manera brusca mientras dormían juntas, y desde entonces había evitado que ambas volvieran a reunirse. Ella había vuelto a recrear dicha escena sin tomarle en cuenta.
•- Edmundo... espero que no estés pensando que yo le haría daño a Alicia...
•- ¡Ja! ¿Cree que soy idiota? ¿Qué maldita psicóloga se lleva a su paciente a dormir con ella?
•- No es lo que piensas...
•- ¡Alicia!
•- Edmundo, por Dios...
- ¡Escúcheme usted!- le amenazó aquel hombre fornido -¡La traje para que la ayudara! ¡Su madre le hizo mucho daño, no tiene idea cuánto! ¿Y qué ha hecho usted todo este tiempo? ¿No le molestaba que actuara como chico? ¿Ahora sabe por qué lo hace? ¡Podría demandarla por esto, Madelaine!
•- No hagas un escándalo- le suplicó Madelaine -lo que estás provocando es que Alicia siga viendo como prohibida su relación con otras mujeres... ¡Es eso lo que la está destruyendo!
•- ¡No me interesan sus teorías!- le interrumpió Edmundo -¡Alicia, sé que me escuchas! ¡Baja de una buena vez!
La puerta de la recámara se abrió y apareció Alicia, con su habitual vestimenta de chico. Se veía bastante avergonzada, se mordía los labios y ocultaba las manos en los bolsillos. Bajó rápidamente, y tomó su mochila militar del sofá de la sala.
•- Alicia...- se acercó Madelaine angustiada -lo que sea que te digan, no has hecho nada malo... que nadie te convenza de lo contrario.
•- Estaré bien- le aseguró Alicia -no se preocupe.
¡Vámonos!- vociferó su padre
•- Eres fuerte, Alicia...- le insistió Madelaine -y lo has hecho muy bien. Vas a lograrlo, créeme.
•- ¡Deje de hablarle! No la golpeo sólo porque es mujer... ¡pero debería hacerlo!
Intentó asir a Alicia, pero la chica le esquivó con una fuerza que no se adivinaba en ella. Se irguió amenazante, con los ojos inyectados en sangre, apretó los puños y apretó las mandíbulas, rechinando los dientes.
Edmundo se hizo hacia atrás, era obvio que se había intimidado.
•- ¿Lo ve?- exclamó, aún reclamándole a Madelaine -¡ése es el resultado de su estúpida terapia! Le pedí que me respetara ¿y qué ha hecho?
•- Alicia...- le suplicó Madelaine -tranquilízate... nada malo está pasando.
Pero la chica no parecía escucharla. Miraba fijamente a su padre, irradiando odio en la mirada. Madelaine se interpuso.
•- No tienes qué protegerme, Alicia. Sé defenderme.
•- ¡Ya déjela!- gritó Edmundo
•- ¡Cállate ya!- exclamó Madelaine, esta vez furiosa -¡No puedo ayudarte si sigues actuando de esa forma!
•- ¿Va a darme órdenes?
•- Eres su padre ¡compórtate como tal!
Edmundo se contuvo, aunque no muy convencido. Le sostuvo la mirada a Madelaine por un momento y luego indicó a Alicia que saliera de la casa, con un movimiento de cabeza.
Alicia miró a Madelaine con desaliento.
•- Ve- le aconsejó la joven -todo saldrá bien
•- ¿Van a castigarla?
•- No, no hay razón para ello. Anda, ve con tu padre.
La chica bajó la cabeza y salió rápidamente de la casa. Edmundo todavía se quedó dentro.
•- Confiaba en usted- le reclamó -creí que me ayudaría.
•- Si ya no confías en mí es tu problema- le enfrentó Madelaine -mi único error es
haber ido más allá de mi trabajo.
Edmundo meneó la cabeza perplejo.
•- Gracias a mí, Alicia es lo que ve usted. Eso nadie me lo agradece.
Y salió de la casa, cerrando la puerta.
Madelaine se sentó en el sofá. Ahora que estaba sola, no pudo reprimir un amargo llanto.
CAPÍTULO 15
El Dr. Emilio K, sonreía absorto en sus pensamientos, mientras contemplaba un reloj de cristal que llevaba un buen tiempo sobre su escritorio. Era un hombre ya mayor de edad, de cabello cano y escaso, con una vida llena de catástrofes y éxitos por el mundo de la psicoterapia.
•- Eras una alumna brillante, Madelaine. Tu discernimiento, era insuperable. Tus diagnósticos solían ser bastante atinados a pesar de contar con muy pocos elementos. Por eso te hice parte del equipo, por esa inteligencia inigualable que tienes.
Luego, hizo una pausa, antes de continuar.
•- Jamás... pensé encontrarte en esta situación.
Madelaine comprendió por donde iba la conversación. Sentaba, frente al profesor que más admirase durante la universidad, sabía por el tono de su voz, que su frase era acusadora.
•- Sé muy bien lo que estoy haciendo, Emilio.
•- Eso me preocuparía más. Prefiero que me digas que no tienes la más remota idea.
- La chica necesita con urgencia una figura materna.
•- ¿Y decidiste ser tú? ¿Qué te hace tan capaz de suplantar esta figura?
Madelaine trató de asimilar lo que le estaba diciendo aquel profesor tan estimado. Pero no podía en el fondo, se sentía terriblemente cuestionada en su profesionalidad.
- Se trata de la confianza que Alicia ha depositado en mí. Su mirada me hablaba, me pedía una ayuda que no puede verbalizar.
•- No estás siendo objetiva -enfatizó su supervisor mientras miraba a Madelaine con fijeza.
•- ¿Por qué no me dices lo que piensas? ¿Tú también crees que tuve relaciones con ella? En tal caso, no eres objetivo tampoco.
•- Lo que sea que hayas intentado hacer no la ayuda en absoluto. Rompiste el encuadre Madelaine, rompiste las reglas, la ética profesional... No respetaste un solo protocolo.
•- Sabes muy bien que nunca iba a resolver este caso en el consultorio. Dejé restricciones absurdas, y me arriesgué por soluciones extremas con el fin de llevar este caso a un camino saludable.
•- Ni siquiera fue saludable para ti- reflexionó el Dr. K. -por atender este caso, me descuidaste diez más. ¿Qué hay de los otros pacientes? ¿Acaso no te necesitaban de igual manera?
•- Yo...
•- Madelaine ¿Por qué es tan especial este caso para ti?
Madelaine suspiró. Por un momento vio en su mente la figura andrógina y desgarbada de Alicia. Reconoció que era una paciente que no podía quitarse del pensamiento tan fácilmente como los demás.
•- La estimo, Emilio, no voy a negarlo. Los demás casos pueden seguir sin mi intervención. Pero ella... no tuve valor para abandonarla a su suerte...
•- Es una observación interesante.
•- Si quería lograr algo con ella, tenía que salir de ese consultorio. Por eso te digo que sé lo que estoy haciendo, no fue nada improvisado.
•- No puedes hacer nada más fuera de ese consultorio. Solías tenerlo presente.
- No tienes idea de todo lo que Alicia mejoró fuera de ese consultorio.
•- Madelaine, eres su terapeuta y no su madre ¿Entiendes a qué me refiero o te niegas a hablarlo?
•- No me asusta ocupar el lugar de su madre. Lo hice deliberadamente, para sanar la imagen que de ella tiene. Cuando ella lo comprendió, empezó a cambiar.
El Dr. K. la volvió a mirar, esta vez con dureza. Madelaine no pudo soportar aquellos ojos acusadores. Además, le incomodaba perder su compostura frente a su superior.
- No me crees, Emilio.
- No, no te creo. Pero eso no es todo... Me preocupas Madelaine. Has perdido completamente el rumbo y la perspectiva.
- Modifiqué su imagen interna, ¡la hubieras visto cuando cambió su forma de vestirse! Emilio, no soy una inconsciente. Lo que te haya dicho el padre de ella...él está completamente equivocado.
- Seré franco contigo, chica. Te has enamorado de tu paciente.
- ¡No!
- Lo estás de tal modo, que ni siquiera puedes ver cuánto te has arriesgado a ti misma, con tal de retenerla.
- ¡Emilio!
- Solías ser mi mejor terapeuta. Pero este caso, jovencita, se te ha escapado de las manos.
Madelaine no estaba dispuesta a ceder.
•- Emilio, tú me conoces. Sabes que jamás faltaría a mi ética ¿Por qué me cuestionas de esa forma?
•- No veo que estés creando una historia distinta para Alicia. La simbiosis que vivió junto a su madre, la insana rivalidad con su padre... Creo que simplemente te fue más cómodo recrear el mismo patrón...y lo has vivido intensamente.
•- ¡No es lo que pretendo! Algo salió mal allí, y fue la interpretación errónea de Edmundo. Pero Alicia tiene derecho a dormir junto a un ser que ama y no sentirse culpable por ello ¿Entiendes a donde quiero llegar?
•- Estás confundida, Madelaine. Este último incidente me obliga a tomar una determinación.
La joven se levantó esta vez y se retiró los anteojos para encarar mejor a su supervisor. Lo miró suplicante.
•- No hay nada entre nosotras, te lo aseguro. Por favor, no ahora. Dame la oportunidad de cerrar esto, o todo lo que he hecho se irá por la borda.
•- Madelaine, lo único que sé es que estás sobreinvolucrada con Alicia. Lamento decírtelo, porque nunca esperé hacerlo. Quedas fuera del caso, a partir de hoy. No quiero que vuelva a verte ¿Entendido?
•- ¿Te importa más el nombre de tu clínica? ¿Aún cuando eches por tierra mi trabajo y a ella la destroces?
•- No se hable más del asunto.- declaró Emilio -En cuanto a ti... exijo que entres a rehabilitación, este caso te ha afectado demasiado.
•- ¿Ahora yo soy la enferma?
•- Espero que me obedezcas, jovencita. O me pedirán que te retire la licencia, y no quiero llegar a ese punto.
El doctor se acercó a Madelaine y le dijo con firmeza.
•- Si quieres ayudarla, acepta mis órdenes y deja este caso.
•- ¡No puedo!
•- Escúchate entonces. No puedo permitir que siga esto más allá, Madelaine. Ella duerme a tu lado, ¿y qué seguirá después? ¿Hasta dónde debe llegar esa "proximidad terapéutica" tuya para que me digas que todo mejora? ¿Por qué es tan difícil para ti dejar de verla? Incluso peleas con su padre y te conflictúas con éste. Basta ya, Madelaine ¡Basta ya!
Estas últimas palabras fueron dichas con tal severidad, que la joven desistió en su intento.
Se levantó con pesar y se dispuso a abandonar la oficina. Emilio suavizó su voz, entonces.
•- Déjala ir, Madelaine. No te hagas más daño amándola de esa manera.
La joven terapeuta no escuchó esto último, confirmando la teoría de Emilio. La idea de perder a Alicia era un golpe duro que le costaba asimilar.
CAPÍTULO 16
Había llegado desde temprano, y estuvo allí sentada frente al consultorio, mirando el reloj con angustia. Fue entonces que se abrió la puerta, y un niño de unos diez años salió con una notificación en la mano. Miró con curiosidad a Alicia y luego bajó velozmente las escaleras.
Madelaine se despedía de sus pacientes. Debía permanecer en una "casa de retiro" por lo menos durante un mes. A pesar de que se le había declarado "imposibilitada" para impartir psicoterapia por el momento, sus pacientes no cesaban de acudir.
En cuanto la puerta se abrió, Alicia se puso de pie. Estaba nerviosa, quizá angustiada. Llevaba aquel vestido serio con el que conoció a Ethan, que contrastaba con esa mochila militar que se cargaba al hombro.
Madelaine salió a la puerta por fin. Sonrió al ver a Alicia y su sonrisa pareció sincera. Estaba tranquila, y la presencia de la chica no pareció afectarle.
•- ¡Hola Alicia! Me alegra verte.
La chica se acercó vacilante, mientras se cargaba la mochila a la espalda. Parecía más pesada que de costumbre.
¿Puedo pasar?- preguntó temerosa.
•- ¡Claro que puedes!- le invitó Madelaine y cerró la puerta tras de sí. Acababa de llegar otro paciente en ese instante, que se quedó afuera un tanto contrariado.
-¡Te ves muy bien! ¿Cómo estás?- preguntó Madelaine, sonriente.
Alicia le lanzó una sonrisa embarazosa y se rascó la cabeza. Aún parecía un niño vestido de mujer.
•- No quiero causarle problemas. Sólo... venía a despedirme.
•- Tú no me causas problemas. Lo que haya pasado... los malentendidos... fueron cosa mía.
Pero la chica negó con vehemencia.
•- No, es culpa mía y lo sé. Si yo vistiera como mujer y no como hombre, nada malo hubiera sucedido.
Madelaine sonrió y le palmeó la espalda.
•- Siempre tan obstinada ¿eh? No quiero que vayas por el mundo con esa pésima actitud ¿Está claro?
Alicia sonrió y bajó la mirada. Hubo cierta expresión de dolor en su rostro.
•- Me voy hacia el Norte- dijo, con su voz de chico -dejo a mi padre y a su familia. Me ofrecen una beca, si las cosas van bien, puedo adquirir otra más. Sobreviviré con ello.
•- ¡Vaya! ¡Has tomado una decisión muy importante!- aplaudió Madelaine
•- Así es... Pienso que es lo menos que puedo hacer, después de todo lo que usted arriesgó por mí.
Madelaine bajó la mirada a su vez. Dejó sus anteojos en el escritorio y tomó a Alicia por los hombros.
•- Hazlo por ti, Alicia. Deja de pensar en complacer a las personas. Ahora es tu momento.
•- Por mí, no haría un comino- declaró Alicia con cierto enojo -me cansa la gente, este mundo, esta vida... Todos son unos idiotas, siempre me estropean todo.
•- Eso no es verdad.
Alicia miró a Madelaine, trataba de sonreír, pero no podía.
- ¿Cómo hace para ser tan optimista? Sabe que lo sucedido con nosotras es una injusticia. La han castigado sin merecerlo. Usted es una gran persona, pero los demás no lo comprenden.
•- ¿Vas a seguir odiando? Si es así, creo que mi esfuerzo fue en vano.
Alicia bajó la cabeza y negó con firmeza.
•- No. No lo haré más. Ya no quiero seguir odiando... quiero ser como usted. Quiero ver las cosas como usted lo hace.
Madelaine no soportó más y abrazó a Alicia. La estrechó con fuerza y no pudo reprimir el llanto.
•- Vas a salir adelante, preciosa. Lo harás sin mí y sin mi ayuda. No quiero que te vayas enojada. Promételo, por favor.
•- Se lo prometo- dijo Alicia, con la voz temblorosa.
•- Perdona que llore. Te voy a extrañar, creo que demasiado.
•- Yo también. Creo que nunca aprendí a despedirme.
Madelaine miró a Alicia, sonrió a pesar de las lágrimas. Alicia tragó saliva y declaró con
toda su alma.
•- Quiero que esté orgullosa de mí. Le demostraré a todos que se equivocaron.
•- Siempre estaré orgullosa de ti, Alicia. Hagas lo que hagas, ha sido un placer trabajar contigo.
Alicia suspiró y se mordió los labios. Luchaba internamente contra su dolor y su tristeza. Quería decir algo, pero no podía.
Llamaron a la puerta, lo que complicó más las cosas. Madelaine se secó las lágrimas y se apresuró a abrir.
•- Madelaine- le dijo la secretaria de la clínica -me ha llamado Emilio. Dice que Alicia no puede estar aquí.
•- Entiendo... sólo dame unos minutos.
•- Por favor, fue muy tajante al pedírmelo.
•- Ya se marcha, no te preocupes- le dijo Madelaine. Divisó a Ethan, sentado en la sala de espera y comprendió que aquellas entrevistas largas con Alicia habían terminado.
Entró nuevamente y cerró la puerta. Encontró a la chica más tranquila, aunque le habría gustado que desahogara sus sentimientos y se marchase aliviada.
•- Debo irme.
•- Lo sé- dijo Madelaine -te deseo lo mejor, Alicia. Nunca dudes en buscar ayuda, siempre habrá alguien dispuesto a darte la mano.
•- Me basta con usted- declaró Alicia, tomando su mochila. Le estrechó la mano con fuerza, con un profundo sentimiento.
Salió del consultorio y lanzó una rápida mirada a Ethan. Éste se levantó y se aproximó a ellas, llevaba un ramo de flores.
•- Hola Alicia
•- Cuídela mucho- le dijo la chica mientras se alejaba -y confíe en ella.
Ethan bajó la mirada pensativo. Madelaine lo observaba con curiosidad.
•- ¿Y esas flores?
•- Son para ti- le dijo, ofreciéndolas -quería decirte que sigues siendo la misma persona maravillosa que he conocido.
- Muchos halagos el día de hoy- le dijo Madelaine entrando al consultorio -y no sé cuáles sean ciertos. Después de todo, me van a encerrar varias semanas para revisarme la cabeza.
•- No seas cruel contigo misma- le dijo Ethan -¿Puedo ir a visitarte?
La joven no dijo nada. Aún estaba triste y sabía que tardaría en recuperarse. Pero tenía que levantarse, más ahora que nunca. Ethan también lo sabía, y comprendía que de ahora en adelante debía estar más al pendiente de ella.
•- Te escribí una dedicatoria- le dijo.
•- ¿En serio?- trató de mofarse Madelaine. Buscaba sus anteojos en vano. Habían desaparecido.
Diario de Alicia, escrita un 6 de septiembre, lo que jamás pudo decir en su despedida.
"Yo quiero ser como ella. Quiero ser la clase de persona y mujer que ella es. Sin duda, es la única que ha venido a mí sin más pretensiones que ayudarme. Y sé que se arriesga al hacerlo.
Mi mirada se pierde en su ir y venir por la sala, sinceramente la escucho rara vez. Sólo quisiera que no se fuera de mi mente, quedarme a su lado todo el tiempo. Mirarla sonreír, escuchar su voz, aspirar su fragancia por esa habitación es lo único que me importa. Sería horrible que se diera cuenta de esto, porque ella pretende que no me enamore más de las mujeres, y yo estoy dispuesta a hacer esto por ella.
Así pues, renunciaré a esta maldita inclinación, bastante problemas me ha dado. No quiero ser más como un hombre y no tengo la intención de competir con él. Pero me siento incapaz de acercarme a uno, y sé que nunca podré lograrlo.
Viviré como una mujer, lejos del mundo y de la vida de los demás.
Viviré guardándome de mi defecto, enfocando mis intereses a otras cosas.
Jamás haré evidente esta debilidad que me arrastra, que tanto molesta a todos y que me convierte en ser repulsivo para los demás. Que nadie sufra al saber esta debilidad mía, así tenga que engañarles para siempre.
El mundo no quiere homosexuales. El mundo no quiere a las lesbianas.
Lo haré por ella, aún cuando lo que me mueve a hacerlo, es mi profunda atracción por
su persona.
Es contradictorio, pero lo hago porque la amo, y por eso habré de reservarme tal sentimiento y ella no lo sabrá jamás.
Quiero curarme de esto, quiero ser una persona normal.
Quiero poder abrir los ojos algún día y sentir que soy como las demás personas.
Y sin embargo, sé que nunca dejaré de amarla en lo más profundo de mi silencio"
A.
