jueves, 22 de abril de 2010

EL GRUPO DE LAS SEIS (Caps del 1 al 15)


Capítulo 1
El Colegio Sor Juana era inmenso. Abarcaba varias hectáreas cubiertas de viejos y adustos edificios grises, así como jardines descuidados llenos de zarzas y abrojos. Las religiosas del Sor Juana se habían olvidado de atender aquel inmenso lugar, so pretexto de sus actividades religiosas y de labor comunitario.
Si bien, era rara la que impartía clase en las aulas, debido a su poca capacidad así como lo obsoleto de sus métodos educativos, lo pasaban bastante bien gracias a las contribuciones de los accionistas y protectores adinerados.
Los únicos edificios que gozaban de sólida estructura y un adecuado mantenimiento eran la capilla, las habitaciones de las monjas y las de las “niñas privilegiadas”, las que dormían en habitaciones por demás lujosas.
Y es que el Colegio Sor Juana tenía una doble función desde hacía tiempo. La de hospicio, donde recogía huérfanas y las criaba hasta su adolescencia, y la de las denominadas “privilegiadas”, que eran hijas de importantes inversionistas y millonarios de la región, que contribuían con donativos bastante jugosos a la escuela.
Las humildes monjitas gozaban de esta manera de una vida desahogada, y se daban placeres como contar con servicio de antenas parabólicas, autos de lujo, y frigobares en cada una de sus habitaciones.
Lo único que tenían qué hacer era expedir certificados de acreditación para las hijas de sus benefactores, las que muchas veces no tenían deseos de estudiar.
Tal era la situación cuando una enigmática joven decidió estudiar en aquel colegio de pobre calidad académica. Venía becada desde un lugar lejano, y había elegido aquel desesperanzador lugar, dejando de lado centros educativos y escuelas prestigiadas.
Aquella joven llegó de incógnito y pasó cerca de un mes encerrada en su habitación (un desván un tanto sombrío y antihigiénico), en una extraña y prolongada meditación que la convirtió en un fantasma prácticamente. Sin embargo, las monjas no parecían preocupadas, tratándose de una “niña genio” como según decían, y contando con capacidades intelectuales sorprendentes. Ella podría ponerse al corriente con sus actividades académicas en cualquier momento.
Alicia V. era alta, muy alta, una de las jóvenes con mayor estatura en la escuela. Era delgada, de piel curtida y atezada. Su cabello era largo y fino como el de un bebé, castaño, y arrojaba con el sol destellos dorados. Su rostro, alargado y fino, era de un adolescente andrógino, sus facciones eran curiosas y difíciles de definir. Aún cuando tenía una presencia agradable, a veces los rasgos de su cara se endurecían y mostraban una apariencia masculina. Sus ojos eran rasgados, oblicuos, de un color miel. Eran expresivos y astutos, despiertos y atentos a todo lo que le rodeaba.
Solía vestir con formalidad, de manera sobria y elegante. Su sonrisa, era quizás, lo que más cautivaba a sus interlocutores.
Recién cumplía diecisiete años, aunque aparentaba mucho menos edad.
La solitaria Alicia empezó a vagar por los edificios de aquel colegio, cuando éstos solían estar desiertos.
Observaba todo cuanto le rodeaba y permanecía silenciosa, como si miles de pensamientos le impidieran conectarse con el mundo.
Luego le dio por subir a las azoteas y observar la panorámica durante un largo rato.
Alicia contemplaba aquel lugar, abandonado y primitivo como la Edad Media. Le fascinaba sobremanera y estimulaba su imaginación hacia curiosas historias de fantasía.
Se encontraba en dicha contemplación uno de esos días, absorta en las actividades que realizaban las internas en los patios. Fue entonces, que se percató de que alguien más estaba allí con ella.
Una joven de tez morena, vestida de oscuro, y con un enorme sobretodo que la hacía ver extremadamente pequeña, se le acercó. Llevaba el oscuro cabello revuelto sobre la cara, de forma que sus ojos tristes apenas se veían. Su cabello largo y despeinado, así como el desaliño de su gabardina y uniforme, hablaban de una chica con poca o nula autoestima. Sumémosle a ello, las sucias vendas de sus manos, que las cubrían en forma errática.
La joven se había acercado sin que Alicia se percatara, mientras comía con devoción una bolsa de patatas fritas bañadas en picante.
Sin hablar le ofreció a Alicia su venenosa comida.
Alicia aceptó gustosa. Era la primer persona en mucho tiempo, con la que intercambiaba un gesto amistoso.
- Gracias.
- Es posible que piquen demasiado- advirtió la joven, con voz cansina. Su voz era lenta, sombría, como si ya hubiera envejecido. Hablaba con esfuerzo, como si le afligiera alguna tribulación muy grave.
Alicia la miró con simpatía.
- ¿Siempre vienes aquí?- le preguntó, ya que era la primera vez que visitaba aquel edificio.
- Vivo aquí- dijo la extraña chica- incluso cuando llueve, me meto debajo de ese cobertizo- y señaló una destartalada lámina que cubría algunos escombros.
- A mí tampoco me agradan las personas- dijo Alicia, mientras miraba a la gente desde allá arriba. Extrajo unos anteojos de cristales ahumados y se los colocó cuidadosamente en su rostro.
- ¿Cómo luzco?- le preguntó a la joven, que comía con avidez sus frituras con picante.
- Diferente- le dijo ésta, sin mirarle mucho.
- ¿Me sienta bien?
- Impones- explicó Ray, -lo cuál es bueno. Siempre es mejor intimidar a las personas desde un inicio. Deberías usarlos más seguido.
- Me mareo- lamentó Alicia –la graduación me lastima los ojos. Pero haré el intento de usarlos con frecuencia…
Pero calló abruptamente, analizando en su cabeza las palabras de su compañera.
- Apenas nos conocemos ¿Cómo sabes que no suelo utilizarlos?
La joven le respondió sin interrumpir su festín.
- De la misma forma que sé que no son tuyos, que los robaste y que pertenecen a alguien mucho mayor que tú. No es difícil de averiguar.
Y luego le extendió su mano, cuya palma estaba mal anudada por vendas manchadas de una rojiza salsa picante.
- Me llamo Ray- le dijo, con esa voz hueca e indiferenciada.
Alicia estrechó la mano amigablemente.
- Alicia Ariadna V.- le dijo –Ray… es un nombre curioso.
- Es un nombre a fin de cuentas- comentó Ray, y terminó de saborear sus frituras. Luego se hincó sobre el maltrecho suelo de la azotea y estuvo observándolo con detenimiento.
- ¿Qué sucede?- preguntó Alicia con interés.
- Efectivamente… aquí dice que hoy ibas a venir.
- ¿En serio?- Alicia se inclinó con curiosidad.
- ¿Dónde dice eso?
- En cualquier parte- indicó Ray mostrando una amplia extensión de la azotea. Y luego agregó:
- ¿Tienes idea de la razón por la que estás recorriendo toda la escuela cuando nadie te ve?
Alicia entornó los ojos y le observó, intrigada. ¿Acaso Ray la espiaba?
- Dime Ray ¿Sabes tú la razón?
La joven dijo entonces:
- Cada edificio que visites será tuyo. Extenderás tu reino por toda esta escuela. Vendrán cinco más contigo y te ayudarán a conquistarlo. Cuando lo tengas bajo tu poder, volverás aquí y verás entonces todo lo que has cambiado.
- ¿Dónde dice eso?- preguntó Alicia, entre extrañada y divertida.
- En cualquier parte- volvió a responder Ray, mientras se alejaba.

Capítulo 2
A partir de entonces, Alicia dejó sus solitarias reflexiones. Aquellas predicciones extrañas la mantenían pensativa todo el día. Empezó a asistir a clases y a observar a la gente que le rodeaba. Pero lo que ocupaba más su atención, era la enigmática Ray, a la que no siempre encontraba en su lugar acostumbrado.
- ¿Cómo son esas cinco?- le preguntó aquella vez -¿Cómo sabré si son las que van a ayudarme a ayudarme en esta misión que tú me dices?
Solía encontrar a Ray en su postura de siempre: comiendo patatas fritas con picante, con las manos vendadas y en su enorme y oscuro sobretodo.
- Vendrán una a una- decía, siempre con enigmas –la primera vendrá con la voz de un trueno, al volver la luna llena. La segunda muestra los dientes, fuerte como un martillo. La tercera está entre el enemigo, está acechando la oportunidad de acercarse a ti. La cuarta, mata grillos…
- ¿Es todo lo que puedes decirme?- preguntaba Alicia desalentada. -Me mencionas sólo cuatro de ellas ¿No decías que son cinco?
Ray no contestaba. Terminaba de comer sus patatas, y luego se marchaba de la azotea.
Mientras reflexionaba sobre esto, Alicia caminaba por la noche por los oscuros edificios de la escuela.
En ese momento, escuchó un extraño suspiro que la dejó paralizada. Miró hacia todos lados, pero no había nadie a su alrededor. Caminó lentamente ocultándose detrás de un pequeño basurero en uno de los edificios estudiantiles.
“Habrán sido ratas” pensó. Pero sabía que sus sentidos no solían engañarla. Y lo corroboró una vez más, cuando un nuevo suspiro volvió a escucharse, justo debajo de sus pies.
Alicia se estremeció aterrada. Lo que escuchaba era humano; un niño o una mujer.
Esperó durante media hora para tratar de identificar el origen del lamento, pero ya no ocurrió más.
Intrigada, regresó a su habitación.
Al día siguiente, entró al salón de clases, embebida en sus pensamientos. Aún trataba de explicarse lo que había sucedido aquella noche, cuando una voz particularmente ronca, la distrajo.
- Ayer fui a ver la luna, como me dijiste…
Alicia se volvió para toparse con una rubia de descomunal tamaño, que conversaba animadamente con otra chica. Su rostro intimidaba, pues su perfil era aguileño como el de un hombre. Tenía unos ojos observadores y vigilantes de ave, así como una voz muy ronca.
- ¿Hubo luna llena anoche?- preguntó Alicia con curiosidad. Se había llevado tal susto anoche que había olvidado observarla..
La enorme rubia se volvió a verla, con cierta extrañeza.
- Así es, anoche hubo luna llena, me gusta observar sus ciclos… ¿A ti también?
Alicia sonrió, triunfante.
- Sí, últimamente- respondió y le extendió la mano –Me llamo Alicia ¿Cuál es tu nombre?
La rubia estrechó su mano con firmeza.
- Me llamo Alma Virginia T., es un nombre bastante largo y esperanzador- bromeó.
- Prefiere que la llamen Mac- agregó la otra chica, una joven delgada, pecosa y peinada de trenzas.
- ¿Mac?
- Así me llama mi hermano- volvió a bromear la rubia –y dado que es el único vínculo de sangre que aún conservo, me gusta presentarme así para los amigos.
- Un placer, Mac- sonrió cordialmente Alicia. Mac la observó con simpatía.
- No habías venido a clases ¿verdad?
- Me encontraba indispuesta.
- Eres nueva aquí- dijo la pecosa -¿De dónde vienes?
Alicia mencionó el último instituto donde había estudiado. Era un lugar de prestigio, donde alumnos con capacidades avanzadas estudiaban en un sistema educativo diferente.
- ¡Qué interesante!- comentaba la chica pecosa, cuyo nombre era Edna -¿Y decidiste venir aquí a estudiar?
- Me parece un lugar interesante- comentó Alicia –nunca he estudiado en un colegio donde sólo hay mujeres.
- No es tan interesante- se quejó Edna, mientras la observadora Mac ponía especial atención en Alicia –a esta edad lo que se espera es conocer chicos y desgraciadamente no es una posibilidad en esta escuela.
- Vienes de muy lejos- reflexionó Mac, cuya gruesa voz solía imponer cuando hablaba -¿Fue sólo interés lo que te trajo aquí?
Alicia carraspeó antes de hablar.
- No exactamente…
En ese momento, Edna debió atender a la profesora, que le solicitaba recitar de memoria el capítulo v del libro. Mac salió del salón sin mayor preocupación. Con una seña, invitó a Alicia a hacer lo mismo.
- Entonces ¿Eres una chica “genio”?
- Podría decirse- comentó Alicia riendo –por lo visto, las reglas aquí son muy relajadas.
- No hay reglas aquí- decía Mac –es la ley de la selva. Pero estábamos hablando de ti.
- Tengo… algunas habilidades ciertamente- respondió Alicia –puedo hacer infinidad de cosas desde que tenía muy corta edad.
- ¿En serio?
- Puedo aprender un libro de sesenta y cinco páginas de memoria ¿Qué te parece?
- Excelente… en tiempo de exámenes –bromeó Mac –en otras circunstancias, me parecería más una locura.

Capítulo 3
Mac era hija de una familia disfuncional, de clase media alta. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía tres años y Tenía un hermano dos años mayor que ella. Ambos habían pasado por una larga fila de custodias y tutelas. Su padre se había casado y divorciado cuatro veces y su madre tres veces. Dada su inestabilidad como pareja, una de las ex esposas de su padre había decidido que los chicos estudiaran en internados, para evitar que siguieran padeciendo con los problemas conyugales de sus progenitores.
Mac había llegado al colegio Sor Juana desde los diez años, y permanecía como interna. No parecía afectada por dicha decisión a pesar de que llevaba allí más de siete años. Era de carácter apacible, una persona tranquila y observadora. A pesar de su ronza voz no solía gritar ni exasperarse. Rara vez se la veía enojada, una de sus cualidades solía ser la paciencia. Sin embargo, su habilidad más desarrollada y la que le destacaba más provenía de esa infancia rodeada de adultos conflictuados con sus intereses y sus sentimientos. Podía leer los pensamientos detrás de las miradas, y conocía más allá de lo que las personas intentaban mostrarle.
- Es divertido- decía, mientras caminaba con Alicia por los alrededores del colegio –la vida se puede ir en un suspiro, en un simple abrir y cerrar los ojos. No tiene caso vivir enemistado con ella, todo se marcha… nada se queda.
- Pensé que te afectaría mucho vivir tantas separaciones, -observó Alicia –yo no lo habría aguantado.
Mac se echó a reír.
- ¡La tragedia del divorcio debiera ser únicamente para el que se divorcia! Por fortuna, yo salí bien librada. El secreto es no engancharse con los problemas de otros, así sean muy cercanos.
- Te lo digo- dijo Alicia –yo no lo habría aguantado.
- ¿Divorciados también?- preguntó Mac, al observar la angustia de su compañera.
- Separados- aclaró Alicia –mi madre ya murió. Y he roto relaciones con mi padre, por eso estoy aquí.
- Entiendo- comentó Mac –nunca fue una buena relación ¿eh? Y decidiste alejarte tanto como has podido.
- Eso fue lo que hice- confirmó Alicia –me condicionó a quedarme en la anterior escuela. He escapado a donde nunca podrá encontrarme.
- Eso fue valiente- celebró Mac –cuenta conmigo si quieres mantener esta información confidencial.
- Me sería de gran ayuda- le dijo Alicia.
Hacía una semana que se habían vuelto inseparables. Iban juntas a donde quiera, y no dejaban de hablar desde que se habían conocido. Lo más curioso era que apenas ese día habían tocado temas personales.
- ¿A dónde vamos?- preguntó Mac, cuando vio que subían hasta la azotea del edificio más estropeado de la escuela.
- A buscar a Ray- le dijo Alicia, que parecía preocupada –solía estar aquí regularmente.
- ¡Ah! ¿Pero se conocen?- exclamó Mac sorprendida. Alicia también se sorprendió.
- ¿Te parece extraño?
- Bastante extraño. Ray no es de las personas que conoces cuando recién llegas a esta escuela.
- Es un poco rara, lo sé… pero es buena persona.
- ¿Un poco?- rió Mac, que aún no salía de su sorpresa -¡Es la persona más rara que haya conocido!
Alicia se detuvo y la miró turbada.
- ¿Sabes en dónde está? Llevo días buscándola.
- No la encontrarás ciertamente- repuso Mac, -Ray padece de un tipo de esquizofrenia que la acomete de vez en vez. Suele ocultarse durante estas crisis.
- ¿Esquizofrénica? ¡No puede ser!
- Lo es por desgracia- dijo Mac –la mayor parte del tiempo tiene delirios y alucinaciones. No habla con nadie y no soporta el contacto físico. Tiene serios problemas para relacionarse y costumbres muy peculiares.
Alicia no salía de su asombro. Ray se había acercado a ella, le había estrechado la mano al saludarla y había conversado sin problema alguno. Nunca se hubiera imaginado que padecía alguna especie de locura.
Subió a la azotea y observó desde allí toda la panorámica. Algunas alumnas ensayaban una poesía coral, mientras que otras más barrían los alrededores de los jardines entre risas y bromas.
Tras un pesado silencio, dijo entonces.
- ¿Te digo algo, Mac?
- Claro, puedes decirme lo que quieras.
- Sé que no vas a creerme. Pero Ray y yo somos amigas.
Mac sonrió incrédula.
- ¿Estás segura de que ella lo interpreta así?
- Sé que lo somos. Jamás habría adivinado lo que me dices. Se viste raro y parece que siempre está triste, pero conversamos todo el tiempo.
Mac se encogió de hombros.
- ¿No te estará confundiendo con uno de esos personajes ficticios que suele ver?
- No lo creo.
- ¿Qué es lo que platica contigo?
Alicia se volvió a ver a Mac, bastante conmocionada.
- ¡Me dijo que tú y yo nos conoceríamos!
Esta vez, Mac no dijo más. Guardó silencio y su mirada se perdió en el horizonte.
Capítulo 4
Mac estaba muy intrigada ante las predicciones que Ray le había hecho a Alicia. Nunca había escuchado algo semejante, pues era una persona muy racional, para quien todo tenía una explicación lógica.
- ¿Así que te anticipó que nos conoceríamos tú y yo?
- No sólo eso, me dijo que conocería tres más después de ti.
- Eso es imposible, ¿Cómo sabes que soy yo exactamente?
- Me dijo que serías la primera, que tenías la voz de un trueno y que vendrías con la luna llena. Haciendo una asociación no es muy difícil averiguarlo; tu voz es muy ronca, llama la atención por su timbre tan peculiar. Me parece que de allí extrajo esa metáfora “Voz de trueno”
Mac se echó a reír, aunque no dejaba su perplejidad.
- Nadie me había denominado “voz de trueno” ¡ja, ja ja!
- Cuando te escuché hablar sobre la luna llena con Edna, me incliné aún más a reconocer que eras tú la persona de la que Ray me hablaba.
- ¡Escalofriante! ¿No te parece?
Alicia sonrió. No parecía asustada.
- Lo sé, pero celebro que tenga razón, hay buenos augurios para nosotras.
- ¿En serio?- preguntó Mac, a quien todo aquello le seguía pareciendo una locura.
- Ahora estimo más a esa chica, tiene algo prodigioso.
- Tranquila, en mi opinión, aún puede ser casualidad.
Alicia le indicó a Mac que se retiraran a un lugar apartado. Estuvieron caminando un buen rato, cruzando los descuidados jardines llenos de maleza, hasta que estuvieron detrás de la biblioteca, el edificio más grande y desvencijado del colegio.
- Mac, Ray pronostica que tendré mucho poder en esta escuela.
- ¿De verdad?
- Es menester que identifiquemos a las otras tres. Entonces cada edificio que recorra será nuestro.
- Querida, creo que lo que Ray te cuenta es fascinante, pero me suena a delirio. Si tú no concuerdas con ello, empiezo a preocuparme.
- ¡Pero Mac…!
- ¿Recuerdas lo que te comenté en un inicio? Ray tiene una realidad distorsionada en su cabeza, mi estimada Alicia. No considero prudente tomar por ciertas sus palabras.
Pero Alicia no estaba dispuesta a renunciar. No tan fácilmente.
- Mac ¿podríamos olvidar por un momento que fue Ray quien dijo esto?
- En todo caso, sería lamentable perder el tiempo en descifrar sus predicciones.
- Sólo intentémoslo. No perdemos nada con ello.
Mac se encogió de hombros. La rubia no solía insistir en sus conjeturas, aunque las considerara ciertas. En tales circunstancias, solía ser complaciente.
- Está bien ¿Cómo deseas que te ayude?
- Tú conoces a la mayoría en esta escuela. Podrías darme alguna referencia respecto a las demás señas que me ha dado.
- ¿Qué más te dijo?
- “La segunda muestra los dientes, fuerte como un martillo. La tercera está entre el enemigo, está acechando la oportunidad de acercarse a ti. La cuarta, mata grillos…”- repitió Alicia, prácticamente de memoria
Mac reflexionó durante unos minutos, tras los cuáles habló:
- No sé si sea en el orden que mencionas, pero si se trata de hacer asociaciones, juraría que la última referencia apunta hacia Déborah.
Alcia no esperaba una respuesta tan rápida por parte de su compañera. Ambas se dirigieron al patio central, donde la mayor parte de la gente confluía.
Alicia siguió a Mac, que se internó por los pasillos, hasta que llegó a un hueco bajo una de las escaleras.
Era un lugar oscuro y pestilente, una especie de guarida o madriguera. El tufo a vómito y orines ahuyentaba a cualquiera que se acercara, por lo que era difícil creer que encontrarían a alguien en ese lugar.
Sin embargo, el repelente lugar estaba vacío.
Mac movió la cabeza, con cierto desencanto.
- Lástima- dijo –creo que la llevaron a su consulta psiquiátrica.
- ¿Consulta psiquiátrica?- Alicia se rascó la cabeza –por lo que veo, varias aquí padecen de problemas mentales…
- Habías asegurado que Ray no los padecía- se burló Mac –pero tienes toda la razón. Esta escuela es una especie de manicomio disfrazado. Déborah no es la excepción en este lugar, aunque es de las pocas que gozan de buena posición económica. Sus padres la llevan seguido a tratamientos, puesto que es tan rara o más que Ray misma.
- ¿Qué relación guarda esa tal Déborah con los grillos?
- ¡Ah!- rió Mac –eso lo descubrirás por ti misma, ahora que vuelva. Mientras tanto, te recomiendo que vayamos al comedor. La comida es ciertamente mala, pero es preferible a padecer hambre hasta la cena.
Dejaron las escaleras y se dirigieron al comedor. Alicia empezaba a conocer más aquella escuela. Era en cierta forma, diferente a todos los lugares en que había estudiado (siete en total). Las clases sociales se marcaban con más acentuación, se podían adivinar cuatro rangos. Las privilegiadas, que comían y dormían aparte de las demás; las jóvenes de clase media, que aunque contaban con recursos, compartían espacios con las de clase trabajadora o media baja. Por último, estaban las pobres, las que estaban allí por falta de recursos o provenían de familias muy humildes y que se mezclaban con la gran cantidad de huérfanas que existían en el colegio.
Las chicas huérfanas, también llamadas “perdidas”, se distinguían por sus uniformes rotos y sucios, su cabello cenizo y quebradizo, su extraordinaria delgadez y unas profundas ojeras, que revelaban una alimentación insuficiente.
- No les va muy bien aquí- observó Alicia mientras comían una sopa de dudosa procedencia –aún cuando las acojan, no parecen atenderlas lo suficiente.
- No hay muchas opciones para ellas- explicó Mac –lo que hacen nuestras queridas “hermanas de la caridad” es reducir tantos gastos como pueden. No tienen pasado ni futuro, algunas ni siquiera están registradas. En realidad, a nadie le importa lo que les suceda.
- Y sin embargo- replicó Alicia –son la bandera de esta escuela. Muchos donativos vienen a esta institución con el pretexto de ayudar a estas chicas.
Mac se encogió de hombros.
- Deberías saber, mi estimada Alicia, que nuestra sociedad es muy parecida a esta escuela. Hay mucha ficción en todas esas obras buenas, en toda esa caridad pública y en todo lo que se anuncie a gritos por las calles.
- ¿No hay nadie aquí que las defienda? ¿Alguna representación de las alumnas?
- ¡Ah, claro!- respondió Mac sin ningún entusiasmo.
Dejaron el comedor y se dirigieron a los pizarrones donde se apiñaban un sinnúmero de anuncios. Había allí varia propaganda estudiantil con propuestas rudimentarias.
- El Consejo Estudiantil- explicó Mac –de hecho, estamos en período de elecciones.
El rostro de Alicia se iluminó, de pronto. Mac lo notó.
- ¿Sucede algo?
- ¡Las elecciones!- exclamó Alicia conmovida -¡Eso fue lo que quiso decirme Ray!

Capítulo 5
Un grupo de adolescentes se encontraban reunidas en un pequeño cubículo de la biblioteca, el cuál constaba de una mesa y algunas sillas, además de un amplio cristal al frente. Daba la impresión de una sala de interrogatorios de alguna dependencia de policía. De cualquier forma, era difícil escuchar lo que decían, ya que el silencio era un residente obligado en aquel sitio.
Mac había llevado a Alicia a la biblioteca, para mostrarle la única planilla rival del Consejo Estudiantil. Estaba liderado por una inquieta jovenzuela llamada Patricia G. Era el único grupo contrincante para aquel período, en contra del Consejo vigente, que pretendía reelegirse.
De hecho, el Consejo Estudiantil actual, estaba conformado por la jóvenes más ricas y poderosas en el colegio. Nadie tenía intención de oponerles resistencia y las elecciones anteriores las habían ganado sin ningún problema. Pero de vez en cuando se topaban con chicas rebeldes que no aceptaban el régimen establecido. Esta vez, esta resistencia se llamaba Patricia.
Mac fue presentado a todas las chicas visibles en el cubículo. La mayoría estaban en el rango de clase media y trabajadora, entre los 14 y 16 años.
- La morena es Narda- le dijo Mac, -es desafiante e inteligente, con calificaciones que superan a la mayoría de su grupo. Le sigue Indira, la de cabello ensortijado, morena también. Indira tiene cierta comodidad económica, pero es una joven justiciera y noble, es de las pocas personas con ética en esta escuela. La que le sigue, de nariz larga y curioso tupé al frente es Yadira, una chica rebelde, de buena clase social pero con una dinámica familiar difícil…
Pero Alicia no le prestaba mucha atención. Observaba con atención a Patricia. Era una joven de mediana estatura, cabello largo que caía descuidadamente en ondas. Sus ojos grandes y negros proyectaban una mirada fuerte y dominante, lo que apoyaba su talante desafiante y la fuerza con la que agitaba sus puños, reafirmando más la dureza de su carácter. Era fascinante observar a Patricia, era líder nato, un prodigio de la naturaleza.
-“Fuerte como un martillo”- musitó Alicia, casi para sí misma. Mac se volvió a verle.
- ¿Qué quieres decir?
Una sonrisa de triunfo asomó a los labios de la fascinada Alicia. Desde que había llegado se había topado con una gama de sorpresas, que de no haber conversado con Ray, le habrían pasado desapercibidas.
- Es ella- le dijo con viva emoción.
- ¿Patricia?
- Mírale los dientes. Sus incisivos son bastante grandes como los de un conejo, sobresalen en su boca notablemente. Ray mencionó las siguientes características: “La segunda muestra los dientes, es fuerte como un martillo”.
- Podría ser Narda- dudó Mac.
- No… no lo creo. Observa la manera en que Patricia agita sus brazos y muestra los puños. Estoy segura de que es ella.
- Existe un inconveniente- aclaró Mac –Patricia es la líder de la planilla. No creo que acepte integrarse al tuyo, es más fácil que cualquiera de las demás lo haga.
Alicia le guiñó el ojo y se puso los anteojos que guardaba en su casaca.
- Tengo el don del convencimiento, Mac. Quiero a esa chica en nuestra planilla, y la quiero en el Consejo, cuando ganemos.
Mac la miró de reojo con escepticismo.
- ¿”Nuestra planilla”?
- Así es… ¿Cómo luzco?- dijo Alicia con sus anteojos puestos. Mac sonrió.
- Te sientan muy bien, querida. Cambias de manera muy favorable.
- ¡Bien! ¿Vamos a hablar con ella?
- No tan rápido- objetó Mac, deteniéndola por el brazo.
- Pero…
- Estimada amiga, no me interesa la política y menos en este lugar. Te agradezco la atención, pero no me interesa formar parte de tu planilla.
- Mac, te lo suplico.
La enorme rubia escrutó los suplicantes ojos de Alicia. Era increíble que creyera en las profecías de Ray.
- Se te ha metido una mala idea en la cabeza, mi niña. Esto será complicado, mucho más de lo que crees.
- ¡Por eso necesito tu ayuda!
Mac se rascó la cabeza, perpleja
- Aquí no hay democracia, Alicia. Todo esto es un simulacro. Patricia pierde su tiempo, tú también.
- No, Mac. Tengo fe. Algo me dice que lo lograremos.
- Si ese algo se llama Ray, seguimos en las mismas condiciones.
- ¡Por favor, Mac!- insistió Alicia –recuerda, no perdemos nada con intentarlo.
- ¡Ah! No perdemos nada con intentar descifrar el juego de palabras de Ray, pero esto es diferente. Aquí sí corremos riesgos y muchos. Patricia es muy joven, no sabe en lo que se mete, pero tú y yo tenemos criterio. Hay fuerzas que superan nuestras buenas intenciones. Ninguna de nosotras podría cambiar las políticas de este sistema.
- Tranquila- le dijo Alicia, sonriendo –sólo nos interesa ganar, y conozco la manera. Pero no puedo hacerlo sola, te necesito a ti y necesito a esa chica. Y es necesario reunir al resto del equipo.
Mac no podía dejar de reír.
- ¿Te das cuenta, Alicia? No eres tan buena como crees. No me has convencido del todo, pero cuando vayas con Patricia con ese cuento profético para conformar una planilla, te mandará a volar. Patricia es una persona difícil, escéptica en ideas y reacia a que le digan qué hacer.
- Ya me has dicho todas las desventajas, Mac. Ahora, yo te propongo un trato.
- ¡Eres necia!- rió Mac
- Si logro convencer a Patricia, te quedas en la planilla ¿Vale?
Mac meneó la cabeza, sorprendida.
- Me parece imposible, estimada amiga. Pero acepto el reto.


Capítulo 6
Patricia entró al salón donde se encontraban sentadas Mac y Alicia. Miró a su alrededor, con recelo, y luego les lanzó una mirada de desafío a las dos presentes.
Se veía más temible de lo que parecía en el cubículo. Su gesto de rebeldía e irreverencia le restaba feminidad y distaba mucho de parecer frágil. De hecho, sus grandes incisivos, su cabello suelto sin peinar, y ese rostro insolente y retante le recordaron a Alicia su pasado, cuando daba la impresión de parecer un chico.
-¿Hay algo qué hacer aquí?- preguntó Patricia. Su voz volvió a reafirmar su protesta viril, era indiferenciada, clara y fuerte. Parecía estar siempre molesta.
- Hablar contigo- le dijo Alicia, invitándola amablemente a tomar asiento. Patricia sonrió y meneó la cabeza perpleja. Continuó en el umbral de la puerta, rechazando la invitación.
- ¿Qué quieren de mí, ustedes dos? Tengo trabajo qué hacer y me fastidian los preámbulos.
- Sería más efectivo que te sentaras- insistió Alicia, mientras Mac le miraba de reojo, en franca desaprobación.
- ¡Al grano!- declaró Patricia molesta -¿Qué es lo que quieres?
- Negociar.
Patricia entornó los ojos y enfocó a Alicia, desafiante.
- ¿Negociar…? ¿Negociar qué?
- Tu participación en mi planilla.
Patricia se echó a reír con sonoridad. Mac miró a Alicia y meneó la cabeza, bastante decepcionada.
- Esto es divertido, pero no tengo ganas de perder el tiempo ¡Adiós!
- ¡Espera!
Alicia se levantó y avanzó lentamente hacia Patricia, que le miraba con fastidio.
- Considéralo.
- ¿Considerar qué?
- Pertenecer a mi planilla.
- ¿Sabes con quién estás hablando?
- Sí, hablo con Patricia G., alumna de tercero, calificaciones excepcionales, excelente en las materias de ciencias exactas, líder de la Planilla “Resistencia Estudiantil”.
Patricia le clavó sus ojos amenazantes.
- Y yo a ti no te conozco, lo que ya me molesta bastante. Estamos trabajando contra reloj y dudo mucho que tú conozcas la trascendencia de nuestra labor. Para empezar no creo que tengas idea de las necesidades de esta escuela.
- Para eso estarás tú, y por eso te necesito.
Mac, que se había acercado muy lentamente, decidió tomar la palabra.
- Patricia, esta chica puede hacernos ganar.
- ¡Interesante! ¿Quién las envió a decirme todo esto? Sé que quieren disolvernos.
- Podrías despistar a todos los que acechan tu planilla.
- ¿Disolviéndola? ¡Vaya solución!
- Imagina tan sólo- le propuso Mac –que disuelves la planilla y te unes con nosotras. Dado que tu equipo de trabajo no será el mismo, las adeptas aumentarán y quién sabe, hasta la Dirección lo vea con buenos ojos.
- ¿Y ésta tal será la líder de la planilla?
- Alicia es una alumna que han traído de muy lejos y han pagado su peso en oro para que se quede.
Patricia miró a la recién llegada con fijeza.
- ¿Así que tú eres la “chica genio”?
Alicia se volvió a mirar a Mac desconcertada.
- Así te llaman- respondió Mac a su muda pregunta –saben que te han traído para mejorar el nivel académico de la escuela.
- ¿De modo que ése es mi papel aquí?- preguntó Alicia con asombro, pero en eso, Patricia la interrumpió abruptamente.
- Lo que me molesta es que yo tenga que pertenecer a tu planilla y me orilles a desintegrar la mía. Tengo mucha gente valiosa allí mismo.
- Te ofrezco lo que quieras para ellas, una vez que ganemos. Pero es preciso que conformemos el equipo principal con otras personas.
- ¡No me digas!
- Te lo prometo sobre mi tumba- declaró Alicia levantando la mano, -no dejaré desprotegida a ninguna de las tuyas. Habrán comisiones de sobra donde podrán quedarse. Lo importante ahora, es ganar.
- Es mejor que Alicia sea la representante, Patricia- sugirió Mac –si tú fungieras como tal, nos encontraríamos con los mismos obstáculos a los que te enfrentas ahora. Pero si unimos fuerzas, tendremos más posibilidades de quitarle el Consejo Estudiantil a las “privilegiadas”.
Patricia se encogió de hombros y luego arrugó la nariz, con suspicacia.
- ¡Buen intento! Estuve a punto de creerles.
- Pero Patricia…
- ¡Les deseo mucha suerte con su planilla! Ojalá puedan ganarnos.
Y se alejó con paso resuelto, sin mirar hacia atrás ni una sola vez.
Alicia suspiró desalentada.
- Disculpa, creí que sería más sencillo. Pero me he equivocado fatalmente.
Mac sonrió misteriosamente y le palmeó la espalda.
- ¡Tranquila! Acaba de aceptar.
- Pero dijo…
- Te faltan habilidades para leer los gestos de las personas- declaró Mac, –lo que me preocupa es lo que viene después. Dudo que las dos salgan de acuerdo en lo que sea.

Capítulo 7
La rutina de educación física solía ser pesada. Hacia las seis de la mañana las internas comenzaban con una ardua faena de ejercicio. Tras una fase de calentamiento, debían correr durante una hora, para luego iniciar un entrenamiento de sobrevivencia que habría sido más apropiado para el ejército.
No importaba si llovía o helaba a esa hora. Las alumnas del colegio Sor Juana debían hacer su rutina de ejercicio a menos que existieron algunas excepciones o privilegios por parte de la Dirección.
Fue así que Patricia se separó del grupo con el que venía haciendo una larga caminata, y se dirigió al lugar donde se encontraba Alicia, observándoles.
- De modo que estás exenta del ejercicio ¿eh?
Alicia sonrió al notar el tono de inconformidad en la voz de la chica. Estaba sentada en una de los oxidados mesabancos, con sus anteojos puestos, y trataba en vano de enfocar a través de ellos, pues se daba cuenta de que le obstaculizaban la vista demasiado.
- Tengo una lesión en la columna vertebral- explicó a Patricia –alguna vez practiqué fútbol y salí muy malparada desde entonces.
- ¿Tú… fútbol? Apenas puedo creerlo- dijo Patricia, rascándose la cabeza –hubiera jurado que jugabas golf en el patio trasero de tu casa. Por cierto, éste es un entrenamiento para salvajes.
- Ya veo ¿Hay alguna razón para que la que las extenúen así?
- Si no nos morimos de hambre, nos vendría bien una fractura- dijo Patricia, sentándose en la banca oxidada –las monjas buscan controlar la sobrepoblación de muchas maneras.
- ¿Muere mucha gente aquí?
- Más de la que crees, pero sinceramente ¿a quién le importa? Una boca menos que alimentar, una cama disponible. Tanto para las que mueren como para las que quedan vivas, la muerte es una bendición.
- Ciertamente, es tenebroso todo lo que aquí ocurre.
- ¿Cuándo vamos a empezar?- interrumpió Patricia impaciente –deberíamos comenzar a reunirnos para resolver este tipo de cosas en vez de estarnos lamentando.
- Antes…- dijo Alicia –necesito una alianza muy importante.
Alicia se había retirado los anteojos y ahora observaba con detenimiento un grupo de chicas que tampoco participaban en las actividades de Educación Física. Patricia se volvió con curiosidad hacia la dirección en que miraba.
- Son nuestra competencia- dijo Patricia –es el Consejo Estudiantil actual.
- Sí… me había parecido reconocerlas. Las he visto en fotografías. Por lo visto, ellas también están exentas del ejercicio.
- La verdad hacen lo que les da la gana- protestó Patricia, con sus ademanes poco femeninos –mujeres como ésas deberían quedarse en su casa si no tienen valor para romperse las uñas.
- ¿Las ubicas a todas?
- ¡Claro! ¿Quién no ubica a esas perras? Todas son unas malditas. Afortunadamente, aún no te ubican, pero si notan que las observamos podemos tener problemas.
Alicia no dijo nada. Había una joven de aquel grupo que se volvía a verla con frecuencia. Era alta, de cabello castaño oscuro recogido con una cola de caballo pulcramente peinada. Sus ojos negros insistían en buscarla, lo que la distraía de la conversación que entablaban sus compañeras.
- ¿Conoces sus nombres?- preguntó, en su afán por identificar a aquella extraña joven.
Patricia comenzó a señalar.
- La de en medio, que dirige la plática es la líder. Se llama Regina, y su padre es dueño de casi todos los terrenos de cultivo de la zona, aunque la detesto, es la única con sesos de ese grupo. La otra, Tamara, es hija de un banquero y además es hija única, una ilusa vanidosa y detestable. Luisa, es también hija de un accionista, es indecisa e insegura. No veo a Stenella, que es sin duda la más millonaria de todas, y la peor, por cierto. Están Iris y Alhelí sentadas en la banca, hijas de empresarios, y parásitos también del sistema. Ninguna es realmente inteligente, a excepción de Regina y… ¡eh! Olvidaba a Minerva.
Al parecer Patricia por fin había identificado a la joven que observaba con insistencia a Alicia.
- Minerva Artemisa- dijo Patricia –es inteligente, la única que ha ganado concursos académicos limpiamente. Aunque sin duda, es la menos acaudalada y la que menor poder adquisitivo tiene de todas. Regularmente se encuentra entre las posiciones menos privilegiadas del Consejo.
Alicia sonrió entonces. Se puso los anteojos y e invitó a su compañera a marcharse.
- Ven, planeemos la reunión para mañana a las 4:00.
- ¿Qué tramas? Sé que no me preguntaste esto al azar.
- Nuestra aliada- dijo Alicia –debe ser una persona que pertenece al Consejo actual.
- ¿Estás loca?
- No- dijo Alicia, que sentía que aquellos anteojos le sentaban de maravilla esta vez –es mera estrategia. Confía en mí. Mañana vendrá.
Capítulo 8

Alicia, Patricia y Mac se encontraban sentados en una pequeña aula, donde rara vez impartían clases. Habían resuelto reunirse allí para conformar su planilla, con el pretexto de estudiar matemáticas.
Estaban discutiendo sobre la mejor manera de presentarse, cuando escucharon el eco de unos pasos. Alguien se acercaba con firmeza y resolución hacia donde se encontraban.
- ¿Estás segura de que ella es la mejor opción?- preguntó Patricia con suspicacia. Alicia ya les había comentado algunas referencias de la persona que se acercaba.
- Tiene que serlo. Minerva lleva tiempo compitiendo con Regina sin conseguirlo. Aliarse con tu planilla habría sido muy arriesgado para ella, pero estoy segura de que no se negará a participar con nosotros.
Minerva apareció en ese momento. Era una joven delgada y atractiva, de dieciséis años, aunque llevaba un gesto de frialdad en su mirada. Rara vez sonreía y solía llevar un porte soberbio y arrogante, como miembro del Consejo Estudiantil. Vestía impecablemente, con una exagerada pulcritud y solía llevar su largo cabello castaño peinado en una cola de caballo. Había rumores sobre ella, acerca de sus tendencias obsesivas respecto a la limpieza y otras manías peculiares que tenía.
- ¿Alicia Ariadna V…?
A tus órdenes- se apresuró a presentarse Alicia con esmerada cortesía. La invitó a pasar y sentarse. Mac y Patricia se miraron divertidas, Alicia parecía ensayar a la perfección un papel bastante incómodo.
Minerva tomó asiento tras verificar que las sillas estaban libres de polvo. Se sentó con la espalda erguida, sin tocar el respaldo, daba la impresión de encontrarse lesionada. Las demás se sentaron alrededor de ella, mirándola con curiosidad.
- ¿En qué puedo ayudarte?
- Mi nombre es Minerva Artemisa C.,- dijo la joven, con acento educado y cierta pedantería –he escuchado rumores de que estás conformando una planilla.
- Es posible- dijo Alicia, que representaba un papel de joven intelectual y sofisticada. Los anteojos le reafirmaban más su apariencia –estábamos considerándolo en este momento, aunque son muchas nuestras limitantes.
Minerva observaba con detenimiento a Alicia, la escudriñaba de pies a cabeza. Sin embargo, estas últimas palabras la distrajeron un poco.
- ¿Limitantes…?- preguntó desconcertada.
- Tú eres miembro actual del Consejo, querida. Supongo que la idea es que permanezcan en el poder.
- Sería lamentable- se apresuró a decir Minerva, sin perder la educación –el actual Consejo es una lástima. Muchas cosas se podrían hacer allí si algunas dejaran sus cargos y se fueran a sus casas a bordar manteles.
Alicia se echó a reír. Mac observaba cómo esa personalidad que adoptaba le daba un aire atractivo y carismático, muy diferente de su actuar cotidiano que solía ser más impreciso e inseguro. Empezó a preguntarse cuál era su verdadera personalidad.
- Tienes sentido del humor, apreciable Minerva. Pero creo que se necesitan más que razones para que el actual Consejo decline a favor de alguien más. Nosotras somos nuevas en esto y mucho ignoramos acerca de cómo ser una competencia adecuada.
Minerva sonrió a su vez. Rara vez lo hacía, pero su sonrisa era tan fría e inexpresiva como su mirada.
- Eso no es problema. Tenéis frente a ustedes a la persona que necesitan.
- ¿Cómo puedes ayudarnos?- preguntó Mac. Sabía que Minerva, aunque insatisfecha con su actual situación, no dejaba de ser una “privilegiada”.
- Ellas esperan continuar en el poder, pero no han tomado precauciones. Se esfuerzan poco en la campaña, y no pretenden hacerse de adeptas, confían en que no las necesitan. Conozco todos sus movimientos y estrategias, lo que las vuelve muy vulnerables.
Sin embargo, Patricia no estaba muy convencida. Para ella, la actitud de Minerva era peligrosa.
- ¿Podemos confiar en ti?- preguntó a destajo –aunque suene duro, eres una traidora para las tuyas.
Minerva no pareció conmoverse.
- No me interesa la lealtad, sino lo que pueda obtener de ello. Y si ustedes se benefician de mí y yo de ustedes, simplemente correspondería un trato.
Patricia miró irritada a Alicia y Mac. Aquella respuesta no pareció satisfacerle.
- No me da buena espina, como encuentre aquí una oportunidad, podría encontrarla en otro lado. Nos podría perjudicar, del mismo modo que hace con ellas.
- Si es que hacemos la planilla- enfatizó Alicia, con cierta intención –porque quizá no valga la pena el esfuerzo. Me parece interesante lo que planteas, Minerva, pero aún así vemos riesgos. Mi compañera tiene razón, no tenemos la certeza de que vayas a ayudarnos.
Minerva comprendió que no estaba siguiendo un protocolo adecuado, le faltaba habilidad para negociar. Carraspeó y trató de ser más humilde.
- Escuchen; mi lealtad con ellas se acabó hace tiempo. He soportado sus abusos y sus maltratos por años, he visto sus excesos y derroches. Tuve que aliarme con ellas por mi condición social, porque de lo contrario me desbaratarían en esta escuela. Si ustedes aceptan mi colaboración, les prometo someterme a todas las condiciones que me impongan.
- ¿Qué quieres a cambio?- preguntó Mac. Minerva se volvió a verla, se sentía más nerviosa que al inicio.
- Ser parte de las titulares. Soy buena, creo que lo merezco.
- ¿Qué sabes que puede sernos de utilidad?- preguntó Patricia con su habitual dureza.
- La temporada de concursos estatales está por llegar- explicó Minerva –necesitan cuatro participantes para Historia, Aritmética, Literatura y Física. Nadie del Consejo quiere participar, saben que han ganado de forma fraudulenta las veces anteriores. Participar sería exponerse a un escandaloso y rotundo fracaso, por lo tanto, la Dirección está buscando candidatas de forma desesperada. Queda un mes para prepararse, y aún no hay nadie que desee participar.
- ¿Cuál sería la ventaja en ese caso?- replicó molesta Patricia.
- Si ganamos al menos un concurso- respondió Minerva –tendremos preferencias sobre el Consejo vigente. La Dirección empezará a cuestionar la conveniencia de un cambio. Será el primer paso para hacerlas tambalear.
Esta vez un atisbo de esperanza se asomó en la indiferente mirada de Minerva, mientras escudriñaba los rostros de las demás.
Patricia se rascó la cabeza.
- Ganar un concurso ¿eh? No es tan sencillo…
Pero Alicia sonrió con aire triunfal.
- Esperan que ganemos uno ¿Y si ganásemos los cuatro?

Capítulo 9
Era noche y un viento tibio sacudía cuanto encontraba, profiriendo lastimeros y furiosos bufidos. Alicia salió de la buhardilla en que tenía su habitación. No podía conciliar el sueño y se sentía inquieta.
Caminó por los oscuros pasillos, mientras luchaba contra el viento, sujetando su abrigo para que éste no se lo arrebatara. Bajó las escaleras y estuvo caminado por los solitarios patios de la escuela.
Su desasosiego provenía de sueños perturbadores sobre su pasado. Era un pasado tormentoso, que ya no quería recordar, pero que volvía en sus sueños y le robaba la tranquilidad.
Había vivido su niñez como un varón, pero debido a situaciones muy difíciles, había decidido adoptar la identidad de su sexo biológico, que era femenino.
Tras una infancia confusa y una serie de desgracias, Alicia recién empezaba su vida como una chica a los diecisiete años. Nunca había concientizado sobre este aspecto, y admitía que le costaba trabajo, pues siempre se había visualizado como un ser masculino.
Pero había nacido mujer, era una mujer por fuera y tenía qué aprender a serlo, pues consideraba que se hacía más daño engañándose en su identidad de género.
Sacó nuevamente los anteojos que solía llevar a todas partes y los levantó hacia el cielo, observándolos a través de la luna. El viento se había tranquilizado y todo parecía volver a la calma.
Aquellos anteojos eran de Madelaine, su terapeuta y la mujer de la cuál se había enamorado perdidamente. Los había tomado sin que ella se enterara, en la última entrevista y despedida abrupta, después de que su padre cancelara las sesiones.
Contempló largamente aquellos lentes, el armazón y sus cristales. Todo aquello le evocaba la imagen de su hermosa y estilizada terapeuta, su sonrisa cordial, su mirada serena, su exquisitez al vestir y la delicadeza de sus movimientos.
Se puso los anteojos y miró a través de ellos, la distorsionada realidad que le presentaban.
“Quiero ser como tú, Madelaine” pensó “si no puedo estar a tu lado, entonces vivirás dentro de mí. Pensaré como solías hacerlo, hablaré como tú hablas, incluso buscaré sonreír como tú.”
Y es que la imagen que Madelaine le representaba como mujer, era la única que veneraba. Todo lo demás le incomodaba sobremanera, y si no hubiera conocido aquel amor platónico, quizá seguiría comportándose como un varón hasta la fecha.
Caminó torpemente, casi a ciegas, mientras recordaba el andar de Madelaine, la seguridad de sus pasos y sus ademanes. Pero se los quitó casi inmediatamente y suspiró desalentada.
“No sé si pueda lograrlo” lamentó “es tan difícil, como si me metiera bajo el agua e intentará contener la respiración todo el tiempo. ¡Me siento tan falsa!”
Nunca había intentado ser delicada ni lo había sido, una vida dura llena de penurias, le habían arrebatado el gusto por la feminidad. De hecho, no podía entender la mentalidad de las suyas, la forma en que pensaba solía ser muy distinta. No había aprendido a agradar a los varones y de hecho no le interesaba en lo absoluto. La fuerte rivalidad con su padre le había vuelto competitiva en este punto y no tenía más interés en los chicos que no fuera una encarnizada lucha intelectual.
Era por decirlo, un “chico solitario” enfundado en un disfraz de niña, que no encajaba en ninguna parte.
Y sin embargo ¿Quién sabe qué beneficios le podía ofrecer el extraño colegio Sor Juana? Aquel lugar parecía mágico, a pesar de todas las desventajas que tenía. Y es que era la primera vez en su vida, que podía sentir el beneplácito de la amistad sin tener que ser diferente a lo que era.
Se sentía aceptada y reconocida por Mac, por Patricia y por la pedante Minerva, quienes lejos de cuestionarle su origen y pasado, parecían tratarle como a una persona más del planeta.
Quizá por eso, valía la pena el esfuerzo de “transformarse” en mujer y conseguir llevar el objetivo que las unía hasta sus últimas consecuencias: conformar el Consejo Estudiantil.
Se puso nuevamente los lentes y caminó con resolución, de regreso a su habitación.
De pronto, un extraño suspiro le heló la sangre. Recordó que ya había escuchado esos lamentos fantasmas, que no parecían provenir de ninguna parte.
Aceleró el paso, asustada. Aquello podría ser una ilusión, una alucinación tal vez. El suspiro volvió a repetirse, más profundo, más doloroso, más sobrecogedor. Alicia se detuvo, se quitó los anteojos y los ocultó en su abrigo.
Miró a su alrededor y esperó, en vano, que algo o alguien se manifestara.
Pero pasó una media hora y nada sucedió. El viento volvió a agitarse de nuevo y la obligó a retirarse a su recámara.
Capítulo 10
Debido a la mala noche, Alicia había despertado ese día con dolor de cabeza. La mayor parte del día prefirió meterse en la biblioteca para estudiar literatura, con miras a participar en el concurso.
Intentaba concentrarse pero no podía evitar cabecear, cuando el sueño la vencía. Hasta que, de pronto, se encontró con Mac enfrente de ella.
Mac sonrió, compasiva.
- Tienes un aspecto deplorable, querida.
- No he dormido bien- confesó Alicia –que empezaba a depositar en Mac toda su confianza –tengo pesadillas y además el viento hizo mucho ruido anoche.
- Ya te acostumbrarás- le dijo Mac –aunque te prevengo que ese desván en el que duermes se murió una monja.
Alicia abrió mucho los ojos y miró perpleja a su compañera.
- ¿Murió alguien allí?
- No lo sé- respondió Mac, que no dejaba de reír –pero he conseguido asustarte. Me temo que eres supersticiosa.
La broma no le hizo ninguna gracia a Alicia. Sin embargo, se reservó de comentarle a Mac sobre los lamentos que había escuchado en los patios de la escuela durante la noche. Era obvio que no le creería.
Mac por su parte, tenía sus motivos para haberla buscado.
- Vine por ti, creo que esto que te mostraré va a despabilarte un poco.
- ¿De qué se trata?
Por toda respuesta, Mac se levantó y le hizo una seña para que la siguiera.
Caminaron nuevamente al patio central y se internaron en los recovecos de los pasillos, hasta que llegaron a las escaleras.
Mac tenía razón. El sueño desapareció del rostro de su compañera. Se quitó los anteojos y observó con profunda fascinación el pestilente rincón bajo las escaleras.
En filas perfectamente alineadas sobre el piso había toda clase de patitas de insecto, perfectamente conservadas. Detrás de éstas, estaban un grupo de cabecitas de grillos de varios tipos. Les habían arrancado las antenas y relucían brillantes como metal cobrizo. Detrás de las cabezas, las alas de los grillos habían sido sujetas al piso con algún adhesivo. Estaban formadas de las más grandes a las más chicas, de las más oscuras a las más claras.
Alicia se inclinó para observar con más detenimiento aquel extraño espectáculo. Fue entonces que pudo divisar a alguien al fondo del rincón.
-Déborah Allison C.- susurró Mac a su lado –cuando me comentaste que si había alguien aquí relacionada con los grillos, inmediatamente pensé en ella.
- ¿Por qué hace esto?- preguntó Alicia intrigada.
Mac se encogió de hombros.
- Por algo va a su cita psiquiátrica cada quince días. Te dejo con ella, debo entregar un ensayo a las diez.
Mac se retiró, dejando a Alicia completamente absorta en la figura de Déborah.
Era una pelirroja, de cabello rojizo intenso del color de las naranjas, como pocos existían, el cual llevaba peinado en trenzas. De cara alargada e infantil, cubierta de pecas, tenía unos ojos rasgados y de un color ámbar, también muy peculiar. La chica en general no era desagradable, pero tenía una mirada escalofriante. Parecía la de un ave al acecho, un animal hambriento y dispuesto a lastimar si era posible.
Déborah no pareció inmutarse ante la presencia de Alicia. La observaba fijamente, con cautela, pero sin temor. Alicia le sonrió desde afuera.
- Un lugar un poco incómodo ¿No te parece?
- Incómodo- habló Déborah, con una voz pausada, tranquila y ligeramente ronca –pero seguro. Nadie más se metería aquí.
- Ya lo creo. Y sin embargo, es un precio alto a pagar para sentirse segura.
Déborah sonrió. Su sonrisa era cruel y tenía un dejo de burla.
- ¿Te gustan los grillos?- le preguntó.
- No mucho- dijo Alicia –en general, los insectos me parecen repelentes.
- Y sin embargo, son los mejores sobrevivientes. Pueden aguardar horas, incluso días en un escondrijo sin comer ni dormir. Luego, cuando es el momento oportuno, salen y atacan a su presa.
Alicia la observaba con interés. No cabía duda de que aquella chica tenía algo escalofriante, pero no dejaba de ser fascinante.
- ¿Es por eso que estás aquí, Déborah? ¿Acaso aguardas algo?
- En realidad, aguardo que se larguen todas. Soy un ser misántropo, las personas me parecen repulsivas, más las de esta escuela.
- Te aseguro que pienso igual que tú- le dijo Alicia –hace tiempo que yo también empecé a alejarme de la gente.
- Observabas los grillos con curiosidad- dijo Déborah, cambiando de tema –pensé que te gustaban.
Alicia suspiró.
- Vengo por una profecía, Déborah. Los grillos son una señal de que tú eres la persona que necesito.
Déborah la observó con curiosidad. Era difícil leer sus emociones, su reacción ante aquella frase resultó nula.
- ¿Qué puedo hacer por ti?- preguntó tranquilamente.
Alicia se sorprendió de que no la cuestionara por aquella presentación tan inverosímil. Déborah parecía una persona muy apacible a pesar de su mirada cruel y sarcástica.
- Voy a formar una planilla- le dijo, -mi intención es llegar al Consejo Estudiantil de esta escuela. Me interesa que formes parte de mi equipo de trabajo.
Déborah sonrió.
- Creo que no tienes idea de cómo podría ayudarte alguien como yo ¿No es cierto?
Alicia se rascó la cabeza, como siempre que algo le confundía.
- Para serte sincera, lo ignoro. Pero tengo fe en que tienes algo prodigioso que demostrarme.
Déborah soltó una alegre carcajada.
- Eres rara, pero muy cortés, estimada desconocida. Sería un placer hacer algo diferente a coleccionar grillos.
Alicia se apresuró a presentarse, avergonzada.
- ¿Cómo pude olvidarlo? Me llamo Alicia Ariadna V., Hace un mes llegué a esta escuela.
- Estimada Alicia Aridana V.,- mencionó Déborah pausadamente –mi nombre es Déborah Allison C., aunque creo que ya te lo han mencionado. Sospecho que no te han hablado mucho de mí, de lo contrario habrías preferido no invitarme a tu misterioso proyecto.
Alicia se encogió de hombros.
- Podrán decirme muchas cosas de ti, Déborah. Pero una cosa es cierta, no puedo excluirte de mi equipo y por ahora, todo lo que necesito saber de ti, es que aceptas participar conmigo en la planilla.
Déborah encogió los hombros. Solía acompañar su cautelosa voz con una extraña sonrisa que nunca borraba de su rostro.
- Por mí no hay problema. Dile al resto de tu equipo, creo que es con ellas que debes llegar a un acuerdo.
- ¿Lo crees conveniente?
- Cuando sepas quién es Déborah Allison C., mi estimada Alicia, considerarás dos veces lo que acabas de proponerme.

Capítulo 11
Déborah no se equivocaba. En cuanto Alicia mencionó su nombre a las demás integrantes de la planilla, sobre todo Patricia y Minerva, se mostraron bastante renuentes.
- Si la decisión de que Minerva formara parte de la planilla me parecía descabellada, la propuesta de que Déborah se una al grupo me parece una espantosa locura.
Minerva se sentía herida en su orgullo que Patricia la rechazara de esa forma, sin embargo, no se inmutó y se unió a ella en las protestas.
- ¿Sabes por qué Déborah colecciona grillos?
- Si lo que van a decirme es que no está bien de la cabeza, empiecen a considerar sus argumentos, puesto que no funcionan conmigo ¿Está claro?- replicó Alicia, dispuesta a defenderse.
La verdad era que la misma Alicia dudaba de la inclusión de Déborah en el equipo. Pero algo le decía que no se arrepentirían de ello. Las demás, opinaban lo contrario.
Minerva continuó debatiendo:
- No se trata de locura, Alicia. Me parece que no conoces a fondo la personalidad de Déborah. Podría estar loca, pero es peligrosa, eso es lo que nos preocupa.
- Podrías comentarle a Alicia- le dijo Patricia a Mac –algo sobre su historia. Después de todo tú la llevaste hasta ella.
Mac suspiró y se encogió de hombros.
- Déborah es hija única. Sus padres son cirujanos, y tienen una vida bastante desahogada. La creyeron muerta cuando nació, después sospecharon que era sorda, pues no respondía a ningún estímulo. Poco a poco fueron descartando todas las cuestiones médicas, hasta que se quedaron con el diagnóstico de autista. Un día, simplemente, Déborah empezó a hablar y a moverse por el planeta tranquilamente. Entonces descartaron el autismo y la declararon normal.
- ¿Cómo sabes tanto de las personas?- preguntó Alicia intrigada.
Mac sonrió misteriosamente.
- Tengo mis métodos- respondió -¿Continúo?
- Sí- se apresuró a decir Alicia -¿Es autista entonces?
- Es extraña. Es todo lo que podría decir. Déborah no se adapta a las personas, desde temprana edad mostró una inteligencia y conductas escalofriantes. A corta edad, destripó un polluelo enfrente de todos los niños en el kindergarten y la expulsaron por eso. En otra escuela intentó matar a un grupo de chicos, fabricando una trampa desde la azotea de la escuela. Posteriormente abrió un conejo vivo con los instrumentos de disección de su padre. Llegó aquí, expulsada de todas las escuelas, por incidentes donde mezcla la crueldad y lo aborrecible. La gente la ve con miedo y no desea involucrarse con ella. Aquí, debido a que hay chicas más salvajes y violentas que ella, tuvo que refugiarse bajo las escaleras, donde pasa la mayor parte de su tiempo.
Alicia se rascó la cabeza. Aquella historia la desconcertaba.
- Se ve muy tranquila para creerse.
- Ése no es el problema. Déborah es la persona más tranquila que hayas conocido, lo que no quita que sea una persona sin escrúpulos.
- ¿Ves por qué no la queremos aquí?- insistió Patricia -¿Crees que confiaría en ella?
- Tenemos qué confiar en ella- declaró Alicia –a mí tampoco me convence, pero estoy segura de que es la persona que necesitamos.
Patricia se levantó impaciente.
- ¿Tenemos que pasarnos la vida escuchando tus tonterías, Alicia? La planilla se conformará con aquellas que nos resulten útiles ¡Y no por tus caprichos!
- Tú fuiste uno de mis caprichos- le aclaró Alicia –fue a insistencia mía que estás aquí. Si puedo confiar en ti, puedo confiar en ella.
- Me estás colmando la paciencia, Alicia. Desintegré mi planilla porque dijeron que tendría más confiabilidad la de ustedes. ¿Crees que la Dirección verá con buenos ojos una planilla con una desertora, una demente, una rebelde y dos desconocidas como ustedes?
- No soy desertora- aclaró Minerva débilmente, pero se abstuvo de opinar más sobre el asunto.
Alicia se impacientó a su vez.
- Patricia, la líder de la planilla soy yo. Quién recluta a las participante soy yo ¡Le parezca a quién le parezca! ¿Queda claro?
- No es una respuesta inteligente.
Esa respuesta las dejó mudas a todas. Incluso Patricia, que se había levantado para discutir con más ahínco sus desacuerdos, se quedó sin habla.
Mac se quedó callada unos instantes, saboreando el efecto que sus palabras habían provocado en las presentes. Sonrió, con su habitual tranquilidad y dijo:
- Nos necesitas a todas. Y cada una encierra un misterio que debes desentrañar. Nadie va a quedarse aquí si tú no la convences de que se quede.
Alicia suspiró y se levantó, para ponerse al frente de todas. Empezaba a comprender cuál era su misión en ese grupo.
- Escuchen, si al final de esta aventura, no hemos ganado nada, podréis golpearme. Voy a ciegas con ustedes por este camino y sólo sé que vale la pena arriesgarse para lograr un cambio. Ninguna de nosotras nos conocíamos, ninguna nos habíamos tratado lo suficiente como para valorarnos. A partir de ahora, ya no seremos las de antes, seremos distintas y haremos cosas que jamás habríamos imaginado.
- ¿Cómo sabes tal cosa?- preguntó Patricia con escepticismo.
- Ahora mismo yo estoy cambiando ¿Y ustedes?
Minerva y Mac asintieron, pensativas. Patricia entornó sus oscuros ojos y los clavó en Alicia.
- A la primer tontería que cometa Déborah, estoy fuera del equipo. ¡Y te lo cumplo!
Capítulo 12
Alicia subió lentamente a la azotea del edificio más viejo de la escuela. Las nubes se apilaban en grandes y espumosas manchas blancas, que viajaban a toda velocidad, oscureciendo el sol de vez en vez.
Se quitó los anteojos, pues aún no se acostumbraba del todo a ellos, y la vista se le nublaba en ocasiones. Vestía con más presencia, con su uniforme impecable.
Una sonrisa iluminó su rostro. Por fin encontraba a la persona que había estado buscando con tanto ahínco.
Había transcurrido casi un mes desde que había hablado con Ray. Después había desaparecido prácticamente. Pero ahora, estaba allí.
- ¡Ray! ¡Por fin te encuentro!
El aspecto de Ray había cambiado un poco. Se veía exhausta, como si hubiera caminado mucho trecho. Ya no comía sus frituras con picante. Se la veía alterada e inquieta, maltrecha y con el enorme sobretodo cubierto de polvo. No pareció reaccionar a la presencia de Alicia, pues ni siquiera se volvió a verla.
Alicia se acercó apresuradamente.
- ¿Te encuentras bien?
Ray se evadió como pudo, y mirando hacia abajo, empezó a hablar, con su voz arrastrada.
- Estoy mejor de lo que creo.
- ¿Qué te ha pasado? Puedes contarme.
Súbitamente, Ray le clavó una mirada que dejó a Alicia sin aliento. Era una mirada de indignación y bastante agresiva. De alguna manera le hizo saber que no se metiera con su vida.
Alicia bajó la cabeza, apesadumbrada.
- Discúlpame, no quería molestarte. Sólo sé que te fuiste mucho tiempo y llegué a extrañarte.
- Estoy bien- dijo Ray, que había retirado su actitud defensiva, y volvía a perder su mirada en las profundidades de los edificios.
Alicia sonrió nuevamente, entusiasmada.
- ¿Recuerdas lo que me dijiste aquella vez que nos conocimos?
Ray pareció hacer un esfuerzo por recordar, pero era obvio que lo había olvidado.
- ¿Dije algo?
- Sí, dijiste que reinaría en esta escuela. Dijiste que para eso necesitaba la ayuda de cinco personas y me mencionaste a cuatro de ellas.
Ray se encogió de hombros y suspiró lentamente. Parecía más concentrada en otros problemas como para prestarle suficiente atención a Alicia.
- El problema- dijo –es que los dibujos no siempre son los mismos. De modo que no sabré con exactitud lo que dije.
Tras estas extrañas palabras, se inclinó sobre el techo de la azotea y empezó a observarlo con minucia. Daba la impresión de estar buscando una aguja en un pajar.
Alicia insistió:
- ¡Pero yo sí recuerdo! Todo sucedió como lo habías dicho ¿Sabes?
Ray no pareció hacerle mucho caso. Se detuvo, de pronto. Entornó los ojos y se quedó mirando un punto fijo en la azotea.
- Entiendo… La agrupación…
Alicia le miró sorprendida.
- Exacto- dijo –ahora somos una agrupación, pero tú predijiste de qué manera se lograría. Eso es lo que has olvidado.
Ray se encogió de hombros
- Muchas cosas no recuerdo, y otras las confundo con mis sueños. Es difícil recordar con exactitud para mí. En cuanto a lo que suelo decir, no me hagas mucho caso. Regularmente padezco delirios y cosas malas. No estoy muy bien de la cabeza.
Y al decir eso, se golpeó el parietal varias veces con el puño de la mano. Alicia negó obstinadamente.
- No Ray. Lo que dijiste aquella vez sucedió tal como lo pronosticaste. Te lo juro.
- No puede ser.
Alicia se echó a reír.
- ¿Es posible que ni siquiera tú creas lo que dices? Hemos conformado una planilla, Ray. La mujer de la voz de trueno, la de los dientes sobresalientes, la que era parte del Consejo vigente y la que mataba los grillos. Todas estamos juntas ahora, y estamos buscando ganar las elecciones para el nuevo Consejo Estudiantil.
El rostro de Ray parecía extraviado. Al parecer, aquello le sorprendía a ella misma. Alicia se acercó con la intención de palmearle la espalda, pero la chica se alejó nuevamente.
- ¿Qué sucede? No voy a hacerte daño.
- No se qué decir a esto- confesó Ray con su cancina voz.
Alicia propuso:
- Me falta una persona más en la planilla ¿Recuerdas?
Ray negó recordar con obstinación.
- ¿Falta alguien más?
- Tú- le dijo Alicia sonriendo –ahora entiendo porque describiste solamente a cuatro. La quinta participante eres tú, Ray. Y vengo a pedirte que formes parte de mi planilla.
Capítulo 13
Era difícil creerlo, pero efectivamente las cosas marchaban bastante mal en aquella escuela- internado. Durante varios días el agua escaseó y la comida se redujo al frugal desayuno y una incipiente comida. Ir a la cama con el estómago vacío provocaba insomnio, y algunas alumnas se escabullían a los patios polvorientos para conversar y así pasar el mal rato.
Alicia, desde al ático, observaba y hacía sus anotaciones. No era algo nuevo para ella, había padecido durante su niñez cosas similares. Pero también había aprendido a ser astuta y estudiaba la manera de conseguir aliviar todo aquel dolor.
Al día siguiente subió a la Dirección, en una amplia y hermosa oficina con decoración del siglo pasado. Parecía un oasis en medio de aquel desierto, el aire allí era fresco y reconfortable. A pesar de la escasez de agua había grandes macetas con verdes plantas y varias flores.
Alicia se sentó en la oficina central, en un cómodo sillón de piel. Pero cuando entró la religiosa a cargo, se puso de pie respetuosamente. La hermana Celeste, cuyo nombre era objeto de buen humor entre las alumnas, era sin embargo, muy temida por sus duros castigos.
Era una mujer anciana pero con entereza, a pesar de sus casi setenta años. Su rostro enjuto bien podía pasar por el de una momia, pero la firmeza de su voz la hacía ver imponente. Hizo un ademán a Alicia para que tomara asiento nuevamente, y luego revisó un expediente que tenía sobre el escritorio.
- ¿Cómo has estado?- preguntó, cual si las penurias momentáneas no existieran.
Alicia sonrió y respondió con cortesía:
- Me he sentido bien recibida, algo que no sucede en todos lados.
La mujer era parca de expresiones y no pareció inmutarse por las observaciones de Alicia. Cerró el folder que tenía enfrente y luego clavó con fijeza sus ojos grises en la joven.
- Veo que estás dispuesta a participar en el concurso- dijo con su acento español,
- Así es- confirmó Alicia
- A cambio pides formar parte de las planillas para la elección del Consejo Estudiantil.
- Sólo si le traigo el primer lugar- aseguró Alicia con humildad
La mujer le miró escéptica
- Sé que vas a traerme el primer lugar. Tu historial académico es admirable, Alicia. No estás aquí sin razón aparente.
- He venido a demostrarlo.
La hermana Celeste volvió a abrir el folder que tenía frente a su escritorio y lo revisó con más detenimiento.
- No necesitas concursar para participar en el Consejo, Alicia. Si tal es tu deseo basta con pedirlo.
- Se lo agradezco enormemente- respondió Alicia con la misma cortesía.
- ¿Es necesario que pretendas incluir a estas jóvenes que me mencionas aquí? El Consejo Estudiantil actual es bastante competente.
- Lo sé, hermana.
- Espero que también sepas qué clase de personas estás incluyendo en tu planilla.
- Tengo algunas referencias de ellas.
- ¡Algunas!- exclamó la religiosa indignada –La única persona rescatable de tu propuesta es Minerva, y aún me atrevería a ponerla en duda. Las demás no son vistas con agrado por esta congregación.
- Lo sé,- repuso Alicia –pero hay algo que quizá no le han contado sobre mí, que quisiera compartirla.
- ¿Qué es ello?
- Puedo cambiar a las personas.
- ¿Cómo?
- Puedo hacerlas mejor de lo que son.
- ¿A ellas?- exclamó incrédula la monja -¿De qué manera?
- Tengo cierta influencia en el comportamiento de las personas. Pronto las verá actuar de forma diferente. Quienquiera que considere un quebradero de cabeza para usted en esta escuela, es un reto para mí.
- ¿Estás segura que quieres hacer eso?- preguntó la hermana Celeste –Patricia no tiene remedio, y tanto Déborah como Elsa son casos perdidos. En cuanto a Alma Virginia, sus bases familiares son endebles…
- Estoy segura que quiero hacerlo- dijo Alicia con vehemencia –hermana, se lo pido. Deme esa oportunidad. Si no han cambiado en un mes, puede retirarme la licencia para conformar mi planilla.
La hermana Celeste suspiró en medio de su perplejidad.
- Tú has puesto la condición, si no sucede así, no respondo.
- Gracias, hermana.
Y tomó aire para hacer la siguiente propuesta.
- Quisiera empezar con la primera prueba, si no es mucho molestar.
- ¿A qué te refieres?
- Hay tres concursos más en puerta…
- No enviaremos a nadie más. No tenemos alumnas preparadas en esas áreas. Sería un rotundo fracaso al que no queremos exponernos.
- Permítame enviar a tres de ellas.
- ¿De quiénes? ¿Te refieres a las alumnas de las que hablamos?
- Si fracasamos en el concurso, tenga usted toda la confianza de que no nos arriesgaremos a buscar el Consejo Estudiantil.
La hermana Celeste la observó alejarse con una sonrisa entre incredulidad y buen humor.
“No debería permitir esto. Es sólo que me mueve la curiosidad por saber qué pretende hacer”.
Capítulo 14
Ya llevaban una o dos sesiones juntas, aunque no lograban ponerse bien de acuerdo. La mayoría estaba acostumbrada a trabajar a su ritmo y voluntad. La propuesta que Alicia había dejado en Dirección no gustó en lo absoluto.
- ¿Por qué no nos consultaste antes?- protestó Patricia con su voz ácida -¿Te parece que estamos a tus órdenes?
- Comprometiste la planilla- secundó Minerva, preocupada –si no salimos de ésta, nos olvidaremos del Consejo.
- Espero que entiendan que era la única manera de resolverlo- les aclaró Alicia muy acalorada –no nos ven con buenos ojos allá arriba a menos que hagamos algo extraordinario.
- Claro,- comentó Déborah, tranquilamente –podríamos lanzarnos del edificio de la Dirección. Si cayéramos ilesas, sería una señal divina.
Las demás se echaron a reír. Déborah estaba buscando aceptación en el grupo con comentarios irónicos.
Alicia le contempló molesta.
- No vamos a obtener el Consejo Estudiantil aquí sentadas para quejarnos de lo mal que está el planeta. Venimos a buscar estrategias y dado que estamos en una posición poco privilegiada, más nos vale ponernos a trabajar.
- ¿A tu manera?- replicó Patricia
- ¿Acaso se te ocurre algo mejor?- se levantó Alicia y se levantó para ponerse al frente de la mesa.
- El problema- se escuchó la ronca voz de Mac –es que no tenemos más alternativa si perdemos. Y hay otro problema más.
- Esperaba que tú me apoyaras- lamentó Alicia, quitándose las gafas decepcionada. Sin embargo, Mac continuó:
- Si nosotras perdemos los concursos, lo perdemos todo. Si tú pierdes (que es muy improbable) sólo te reasignaran en otro lado, pero si ganas, no nos necesitas. Estarás automáticamente incluida en el Consejo que tome el poder.
Todas callaron y un tenso silencio se generó alrededor de Alicia. Ésta las miró, afligida.
- Chicas, ¿creen que yo sería capaz de tal cosa? Pude hacer eso mismo y no necesitaba convocarlas ¡Pero no lo hice!
- Pero aún puedes hacerlo- observó Déborah, que le miraba atentamente con sus ojos amarillos.
Alicia meneó la cabeza. Suspiró muy hondo y luego concluyó:
- Si no confían en mí, pongan a alguien más al frente de la planilla. No me opongo a ello, pero por favor, no dejen caer este proyecto.
- Yo sí confío en ti.
Todas se volvieron a un tiempo a ver a Ray, que hasta ese momento había estado silenciosa en un rincón.
- Ray- le dijo Patricia -¿Qué te hace confiar ciegamente en ella?
- Ella nos reunió a todas- dijo Ray, encogiéndose de hombros –las demás ya existíamos en este lugar, pero jamás lo habríamos hecho.
Se miraron unas a otras. Patricia volvió a mirar a Alicia con suspicacia.
- Me sorprende que Ray confíe ciegamente en ti, y aún tengo mis reservas. Pero si ya nos comprometiste, tenemos que limpiar nuestro nombre. Apúntame para el concurso de Física, yo lo sacaré a como de lugar.
- Dame a mí el de Historia- dijo Minerva –estoy segura de que no tendré problema con él.
Alicia sonrió y antes de colocarse nuevamente los anteojos le lanzó a Ray una mirada de infinita gratitud.
- ¡Bien! Yo sí confío en ustedes y sé que van a lograrlo.
- Sólo tengan en cuenta una cosa, -advirtió Mac –de la misma forma en que esta escuela ha ganado anteriormente, es seguro que se manejen fraudes. Aún cuando fueran las mejores, depende de los jueces que ellas resulten ganadoras.
- Hay un recurso- agregó Déborah –consiste en intimidar a los demás concursantes tanto como sea posible, de manera que contesten lo menos posible.
- ¿Intimidar?
- Infundir terror invisible- explicó la pelirroja –hay varias formas sutiles de lograrlo. La mirada es una de ellas.
- Querrás decir “terror psicológico”- agregó Mac –pudiera ser interesante, aunque no siempre funciona, pero hay formas de condicionar a los demás con cierta forma de mirar y hablarle a las personas.
- Yo no necesito eso- declaró Patricia con fastidio- de sobra voy a ganar el concurso y si pretenden arrebatarme el triunfo, pelearé hasta que me den lo justo.
- Eso ya es intimidar –concluyó Déborah.
Minerva agregó:
- Los concursos suelen estar arreglados, efectivamente. Pero se trata de concursos estatales, que son de importancia menor para los delegados educativos, aunque a nuestra escuela le beneficia. El concurso más importante, que viene más tarde, es el interestatal. Ése es el que genera polémica.
- Muy bien- dijo Alicia –creo que cada quien tiene su táctica para ganar. Tomaré el concurso de Literatura, Patricia va por Física, Minerva por Historia y sólo quedas tú Déborah, que irás por Aritmética.
Las demás protestaron.
- ¡Déborah! ¿Por qué no Mac?
Alicia se acercó a la pelirroja.
- ¿Qué dices? Eres la que está en mayor desventaja con la Dirección. Necesito que ganes ese concurso y laves tu nombre, querida.
Déborah se echó a reír, con su acostumbrada parsimonia.
- Será interesante experimentar en el concurso.
Capítulo 15
Alicia tomó sus anteojos y los observó largo tiempo. Era difícil creer que la persona de la cuál provenían tuviera tan sólo un defecto; la miopía. En momentos, esto la desilusionaba, porque le habría gustado creer que la mujer que más admiraba en su vida sólo utilizaba los anteojos como un accesorio más para su linda figura. Pero por desgracia, no era así, y se preguntaba si su terapeuta la recordaba tal como era o si sólo había sido una imagen borrosa en su mente.
“No importa” suspiró “De cualquier manera, lo importante es mirar como ella.”
Se puso los lentes y observó a través de ellos como la realidad se volvía difusa y desdibujada. Alicia era ciega a través de esos cristales, pero estaba obstinada en utilizarlos.
Mac se le acercó en ese momento, con cautela.
- ¿Cómo va esa miopía?
- Saldré de ésta, ya verás.
- Aún a costa de tu vista- se burló Mac, mientras observaba el patio central, desde donde llegaba el bullicio de las aulas de clase. Alicia se volvió a mirarla, no sin enojo.
- No me ayudaste ayer ¿Sabes? Necesitaba tu apoyo para convencerlas.
- Para eso está Ray- razonó Mac, tranquilamente –recuerda que yo soy aún de las escépticas.
- ¿De qué manera hago para convencerte?
Mac se volvió a ver a Alicia y se encogió de hombros. Escuchó por un instante el ajetreo matutino y tras reflexionar unos minutos, agregó:
- Estás muy confiada, demasiado. Lo que propusiste en Dirección ameritaba una consulta con el resto de la planilla y no lo hiciste. Si las cosas continúan así, es posible que haya desacuerdos diametrales entre nosotras. Además, las estás obligando a ganar prácticamente. A la larga, esto se volverá complicado ¿Hasta dónde piensas presionar para ganar?
Alicia se quitó los anteojos. Por un momento se volvieron insoportables.
- No tienes idea de cuánto me estoy presionando a mí misma, Mac. Si esto fuera solamente un capricho, habría desistido hace tiempo. Sé que no apruebas mi decisión. En parte te parece imposición la mayoría de lo que hago, pero créeme que en ocasiones no se puede actuar de otra manera.
- ¡Ah!- exclamó Mac, mientras observaba el primer receso. Las internas más jóvenes salían de sus salones para tomar un frugal refrigerio.
Luego agregó:
- Créeme que todas las del grupo sabemos la diferencia entre exigir e imponer, Alicia. No eres la única que ha llevado una vida difícil, de ninguna manera.
Alicia bajó la cabeza, arrepentida.
- Si te parece que me he excedido, me disculparé con ellas.
- Cuando te excedas te lo diremos, no te preocupes- dijo Mac –por el momento, sus egos están inflados porque van a hacer algo que siempre han buscado. Simplemente cambia la forma de proceder, es lo que te sugiero. Por cierto, ¿Estás segura que quieres enviar a Déborah al concurso?
- ¿Irías en su lugar?
- No es lo mío los concursos- dijo Mac sonriendo –pero me parece que a Déborah le falta mucho por andar. Yo diría que demasiado. Recién viene saliendo de esa cueva donde se ocultó casi ocho años, y en menos de un mes va presentarse en público. Opino que esto nos traerá problemas.
- Y sin embargo, me parece que tomó la propuesta con mucha calma- dijo Alicia –intuí de alguna manera que no deseabas participar en los concursos. Y sé que Ray le trastornaría la idea. Dejemos el concurso en manos de Déborah, será su prueba de fuego.
Mac no replicó más. Era una mujer observadora, pero ella también estaba aprendiendo a conducirse dentro de un equipo. Alicia confiaba plenamente en ella, quizá era importante desarrollar más tacto para hablarle de temas delicados. Empezaba a comprender que había dos personas que frenaban a la recién nombrada líder en sus impulsivas decisiones. Una era Ray, y la otra… era ella.
De hecho, podía notar la fragilidad de su compañera en ocasiones, como si titubeara acerca de sí misma.
Aquel, de hecho, fue uno de esos momentos.
- Dime- dijo Alicia, de repente -¿te parezco femenina?
Mac se echó a reír.
- ¿Es broma?
Alicia se volvió a verla angustiada.
- Necesito serlo, Mac. Es algo que prometí y no puedo perder de vista. Pero también reconozco que me cuesta trabajo.
Mac observó que la angustia de Alicia era real y un tema de vital importancia para ella.
- Creo- dijo pausadamente –que a excepción de Minerva y tú, el resto de la planilla carecemos de femineidad.
Alicia sonrió y se puso los anteojos. El comentario le hizo gracia.
- No lo había notado.
- Por eso consideré broma tu comentario- explicó Mac –no importa cuánto me menee al caminar, no soy femenina en absoluto. Mi físico no me ayuda. Por otro lado, Patricia no es femenina para nada. Actúa como cualquiera de sus hermanos, y sin embargo no parece importarle. Déborah es extraña, yo diría que es una personalidad masculina pero muy cauta que no devela del todo, tiene cierta elegancia pero no delicadeza. En cuanto a Ray… la pobre no tiene humor para pensar en su identidad, vive enajenada en un mundo psicótico.
- Ahora que lo mencionas…- comentó Alicia a media voz. Empezaba a comprender que no estaba precisamente en el paraíso de las divas. Mac le observaba con cierta simpatía.
- No entiendo tu repentina inquietud. ¿Hay algo que te preocupe al respecto?
- Ya no- repuso Alicia –ahora creo que fue solamente un desvarío.